La propietaria de la tienda quedó profundamente afectada por la tragedia de su hija, llevándola a tomar una decisión inusual. En secreto, decidió momificar el cuerpo de su hija y colocarlo en la vitrina de la tienda, convirtiéndolo en una especie de maniquí que siempre representaría a la novia que no llegó al altar.
Este maniquí, conocido como La Pascualita, se convirtió en el centro de rumores y especulaciones en la ciudad. La gente comenzó a hablar de que la dueña exhibía el cadáver de su hija, lo que generó indignación entre los habitantes de la localidad.
A pesar de las fuertes negaciones de la señora y su afirmación de que todo era una leyenda, la historia persistió. Tras la muerte de la dueña en 1967, nuevos propietarios asumieron la tienda, pero el maniquí permaneció en la vitrina, ahora conocido como La Pascualita.
Con el tiempo, la leyenda se ha nutrido aún más. Se ha difundido el rumor de que un brujo francés se enamoró del cadáver y lo devolvió a la vida, pero el hechizo tenía una duración limitada. Solo unos pocos empleados de confianza tienen el privilegio de vestir y desvestir a La Pascualita, y han compartido experiencias extrañas, mencionando que su cuerpo no parece el de un maniquí.
La leyenda persiste hasta hoy, con afirmaciones de que La Pascualita puede moverse, llorar e incluso cambiar expresiones. Su presencia desconcierta a muchos, y algunos creen que es casi sagrada, dejando flores y velas en la vitrina.
La historia ha evolucionado para incluir relatos de milagros asociados a sus pies. En la actualidad, hay quienes afirman haberla visto moverse y sentirse observados por su mirada, lo que lleva a algunas personas a evitar pasar cerca de ella.
