La libertad de expresión es un derecho fundamental, consagrado en la carta de los Derechos Humanos. Esta libertad es incómoda, algo que no te suelen decir. Se torna molesta porque el mismo derecho que tienes a decir lo que te da la gana, otros lo tendrán. Te agrade o no.

Por ejemplo, así como tienes la potestad de decir que ves las conductas homosexuales como algo que te choque, una persona homosexual tendrá el derecho a decir que es lo mejor del mundo, y proclamarlo con toda libertad.

Hoy, la considero una de las época con mayor conflicto respecto a la libertad de expresión, porque existen varias generaciones que no tienen la piel endurecida para resistir. Por más «limitaciones económicas», como mayoría las generaciones de hoy tienen el privilegio de no necesitar cazar un pollo para comérselo, ni encontrar tantos obstáculos a sus grandes deseos.

Se vive la mejor época de la humanidad. Por tanto, también a muchos les cuesta resistir y aceptar opiniones contrarias a sus criterios, aunque les provoque ansiedad o molestia. Incluso, en ciertos grupos se piensa que la libertad de expresión está sujeta al sentimiento de quién recibe un mensaje, pero no es así.

La maximización de la libertad de expresión no mide el sentimiento. Lo que sí hace falta es aprender a tener respeto para decir las cosas, no coartar el derecho a expresarse «porque me molesta o da ansiedad».

Hoy, te invito a conmemorar la libertad de expresión aceptando que habrán opiniones, ideas, conceptos que te harán ruido y no por esta razón debemos coartarlos.

Y por supuesto, a decir y comentar lo que piensas con respeto. No calles, el camino es motivar al respeto, no la censura de las ideas de nadie.

¡Forma parte de la conversación!