OPINIÓN, ANDRÉS AYBAR BÁEZ, para 7 Segundos Multimedia.- Hay un club muy exclusivo al que nadie solicita ingresar ni paga una membresía para pertenecer a él. Solo Dios decide quién recibe esa invitación: el club de la tercera edad.

Llegar a esta etapa de la vida ofrece una perspectiva distinta. Los años enseñan que muchas veces confundimos los síntomas con las causas y terminamos buscando soluciones donde realmente no está el problema.

Con esa visión observo con preocupación el debate legislativo en la República Dominicana.

En ocasiones, el Congreso Nacional parece cocinar las leyes de dos maneras. Algunas se aprueban con sorprendente rapidez, mientras otras permanecen años esperando una decisión. Esa dinámica transmite la impresión de que cambiar leyes es la respuesta inmediata a cualquier problema nacional.

Sin embargo, la experiencia demuestra que no siempre es así.

También se ha extendido la idea de que aumentar las penas reducirá la delincuencia. Pero quien decide cometer un crimen rara vez piensa en la cantidad de años que podría recibir de condena. Generalmente actúa convencido de que no será descubierto o de que logrará evadir la justicia.

Por eso, el verdadero efecto de la ley no depende únicamente de la severidad de la pena, sino de la certeza de que será aplicada.

El ejemplo del feminicidio es ilustrativo. Es un delito que debe enfrentarse con toda la firmeza del Estado. Pero pensar que solo aumentando las penas desaparecerá el problema es ignorar su origen. La violencia comienza mucho antes: en hogares donde no se enseña el respeto, en una educación deficiente y en patrones culturales que deben transformarse desde la infancia.

La violencia, la corrupción y la impunidad no nacen en los códigos; nacen cuando fallan la formación, los valores y las instituciones.

Nuestra historia también deja enseñanzas. La República Dominicana llegó a tener pena de muerte y eso no eliminó la delincuencia. Ninguna sociedad ha encontrado una solución permanente únicamente endureciendo las sanciones.

Por eso el Congreso debe legislar con prudencia, escuchando a la sociedad y procurando normas claras, coherentes y acordes con nuestra realidad. Tan importante como aprobar nuevas leyes es revisar si las existentes se están cumpliendo.

La República Dominicana necesita fortalecer la educación, consolidar sus instituciones y garantizar una justicia oportuna e igual para todos. Esos son los pilares que generan confianza y contribuyen a una convivencia más segura.

Las leyes son una herramienta indispensable para organizar la vida en sociedad, pero su eficacia depende de que se respeten y se apliquen con responsabilidad. El progreso de un país no se mide por la cantidad de leyes que aprueba, sino por la fortaleza de sus instituciones y el compromiso de sus ciudadanos con el cumplimiento de la ley.

Ese es, quizás, uno de los mayores desafíos que tenemos como nación.