OPINIÓN, MARCELO P. RIVERA.- Viendo que hace unos días se ha formado la marcha azul con éxito discreto, mi mente me lleva a distintas marchas que han ocurrido en los últimos años con distintos motivos. Cada vez que una se anuncia y organiza, nunca faltan las críticas pobres de gente desmoralizada que espera que las cosas se hagan como ellos quieren.

Nunca participan en las marchas, nunca aportan, no conocen a los marchantes. Pero desde la valentía de las redes sociales les dicen que están mal y que deberían marchar por otra cosa, como si toda marcha es plural en sus motivaciones o como si en otra no pudiese tocarse el tema de las quejas. El punto es quejarse y no solidarizarse con un tema que nos afecta a todos.

¿Cómo vamos a avanzar o lograr algo si a cada propuesta le encontras un fallo o la descartas porque entiendes que otros temas lo valen más? ¿Cómo pretendes que este país haga como Nepal si ni siquiera quieres conceder que cada problema debe tocarse en su momento?

Es como cuando se reporta que atrapan a un ladrón y los comentarios se llenan de preguntas sobre políticos corruptos libres. ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? ¿Quieres que dejen de perseguir delincuentes para ver si por suerte atrapan a un diputado?

Además de coherencia necesitamos cohesión. Con esa cohesión seremos solidarios a nuestros problemas como nación y sociedad.

¿Cuáles problemas tenemos? Luz, Haití, delincuencia, corrupción, amenazas a la soberanía… Todo eso es importante y tiene una pluralidad de motivos por los que ocurren, pero si cada vez que alguien habla de uno de un modo, tú te quejas diciendo que debieron hablar de otra cosa o abordar el problema de otro modo, en vez de solidarizarte con la intención, entonces mejor vendamos el país a China.