OPINIÓN, EURIC SANTI.- El día de ayer, la Asamblea Nacional Revisora aprobó en segunda lectura la Reforma Constitucional más insípida, innecesaria e irrelevante en la historia de la República Dominicana.

Tras «bajar línea» en una reunión realizada en el Palacio Nacional con los legisladores del Partido Revolucionario Moderno el pasado veintisiete de septiembre, se alinearon las estrellas, bajaron las asperezas internas y todos los legisladores de dicho partido fueron en filita, con pechito alzado, a votar a favor del capricho del Excelentísimo Señor Presidente Constitucional de la República Dominicana.

A pesar de que se solicitaron vistas públicas, a pesar de que se hicieron múltiples propuestas, a pesar de que se pidió información técnica que validara las modificaciones, las discusiones de las veinte horas que gastaron nuestros legisladores en la Asamblea Nacional Revisora no valieron de nada más que imponer el deseo ilógico del primer mandatario, con básicamente cero modificación.

Con intentos fallidos de «salvar» la alcaldía en La Vega, depositando un transitorio que permitiría al poder ejecutivo nombrar un cargo electivo, violando la misma Constitución, y demás, hacinando la oportunidad de que los dominicanos votemos a favor o en contra de esta reforma a través de un referéndum aprobatorio. Como tal «voten honorables», la noche de ayer, lunes catorce de octubre del dos mil veinticuatro, será recordada como el día que la democracia dominicana murió con flores, aprobando una Constitución que nadie pidió y nada mejora.

El partido de gobierno ostenta una mayoría mecánica y, a pesar de que «no se impondría y buscaría consenso», fueron palabras que se llevó el viento, pues esa mayoría se impuso y no aceptó más que la agenda que tenía la partidocracia dominicana.

Queda ver aún la proclamación de la Asamblea Nacional Revisora, queda ver si el Tribunal Constitucional no declara de inconstitucional la misma propuesta, queda ver… si el pueblo seguirá acostado de espaldas y aceptando esta violación a su democracia que tanto ha costado.

Figuras importantes y que formaron parte de la Constitución más consensuada en la historia dominicana, la del 2010, rechazaron medidas como la supuesta «independencia» del ministerio público, lo cual es una locura en sí misma, pues el Ministerio Público es independiente; se habla de la Procuraduría, que tampoco el nuevo modelo cambiará el formato, ya que es más estético que real, pues el Consejo del Ministerio Público es independiente en su estructura de gobernanza, pero tal caballo en una carrera se galopa de prisa sin medir los obstáculos adelante.

Por demás, la independencia del procurador es un modelo que, probado en otros países como Perú y Guatemala, no ha dado resultados positivos. Los procuradores independientes se han convertido en el brazo invisible de otros poderes fácticos y terminan hacinando la institucionalidad democrática de estos países, y para nosotros en República Dominicana es algo que nos ha costado construir en estos últimos años.

Unificación de las elecciones

Se ha vendido la unificación de las elecciones como «la opción para reducir gasto público»; sin embargo, la Junta Central Electoral demostró en un informe a la comisión bicameral hace unos meses la inviabilidad que esto implica y, por demás, el aumento en el gasto, contrario a la publicidad de que se reduce. Pero esto no importó; la Asamblea Nacional Revisora, con mayoría mecánica del Partido Revolucionario Moderno, lo pasa por alto y aprueba ‘la constitución que nadie pidió’.

El lío, no lo tendrá Luis Abinader, lo tendrá el gobierno del año 2028 al 2032, pues en esos cuatro años es que entrará en vigor y ahí es que posiblemente veremos la crisis institucional más complicada en nuestro país si continuamos este camino que nadie ha pedido y pocos entienden la intención real detrás.

Los ciudadanos tendrán que manejar más de siete boletas en una votación. Por demás, a nivel político, el partido que ostente gobierno podrá mantenerse más tiempo y crear continuidades monolíticas que harán ‘como Pedro por su casa’, usando el mismo dinero del Estado. Nuestra idiosincrasia nos obligará y la abstención se proyecta a incrementar, pues la desconfianza en el sistema sigue aumentando en cada proceso. Esto es también preocupante.

Poco se entiende, poco se explica

Desde hace mucho tiempo que en República Dominicana, fuera del derecho, no se enseña en los centros de estudio sobre la forma de gobierno, la estructura tributaria, la responsabilidad ciudadana, los derechos y deberes, la estructura de gobernanza del Estado y cómo realmente funciona el país; es por ello por lo que se hace tan fácil mantener la discusión política en una nebulosa partidaria de «quién es menos malo».

Los ciudadanos dominicanos vivimos uno de los momentos más críticos de su historia, con la identidad en juego, la soberanía en juego, la institucionalidad en juego, la economía en juego y, eventualmente, el país en juego.

Existe la necesidad y responsabilidad de todos los dominicanos de involucrarnos más en el quehacer político. Pasar de las redes sociales a la acción. Tener más conversaciones directas con los diputados, senadores, regidores y representantes en general de nuestras demarcaciones.

La constitución que nadie pidió ha sido aprobada porque de manera indirecta hemos dejado la politiquería reinar en la nebulosa del poder. Los ciudadanos «nos hemos quitado», porque «la política es sucia», sin darnos cuenta de que mientras más dejamos el sucio tomar espacio, más difícil será limpiarlo de la casa nuestra que se llama país.

El soberano es el pueblo. El dueño del territorio es el pueblo. El país es del pueblo. Hay más proyectos que nadie pidió, y que solo juntos, soltando la careta, formando parte de la discusión, pensando en un proyecto país, es que será posible detener.