OPINIÓN, ANDRÉS A. AYBAR BÁEZ PARA 7 SEGUNDOS MULTIMEDIA.– El reciente artículo de Andy Dauhajre, “El Índice Big Mac y el baratillo del dólar”, vuelve a poner sobre la mesa un tema que preocupa a empresarios, inversionistas y al sistema financiero: ¿está el dólar reflejando su verdadero valor y cuáles son las implicaciones para la economía dominicana?

El Índice Big Mac, desarrollado por The Economist, no pretende ser una herramienta perfecta, pero sí un referente sencillo para comparar el poder adquisitivo de las monedas. Cuando una moneda aparece persistentemente subvaluada o sobrevaluada frente al dólar, surgen preguntas sobre la competitividad, los costos de producción, los salarios y la sostenibilidad del modelo económico.

Precisamente en ese contexto adquiere relevancia la reunión celebrada entre las principales entidades bancarias y el Banco Central. Sin embargo, conviene ser prudentes: el hecho de que se produzca una reunión de este tipo no significa, por sí mismo, que exista una crisis o un “nerviosismo” extraordinario. En economías modernas, los bancos centrales mantienen un diálogo permanente con el sistema financiero para evaluar riesgos y coordinar respuestas ante un entorno internacional cambiante.

Lo que sí es cierto es que hoy existen factores que justifican una vigilancia estrecha:

La volatilidad internacional derivada de conflictos geopolíticos.
Las presiones sobre los precios internacionales de materias primas.
La evolución de las tasas de interés en las principales economías.
La inflación y su impacto sobre el costo del crédito.
El comportamiento del mercado cambiario y la demanda de divisas.

A pesar de estas incertidumbres, la República Dominicana mantiene fundamentos macroeconómicos que continúan siendo sólidos. El Banco Central ha destacado el crecimiento económico, el nivel de reservas internacionales y la estabilidad del sistema financiero, al tiempo que ha mantenido una política monetaria cautelosa.

No obstante, sería un error interpretar la estabilidad actual como garantía de que no existen desafíos. La historia económica enseña que las crisis rara vez aparecen de un día para otro; normalmente comienzan con pequeños desequilibrios que, si no se monitorean, terminan acumulándose.

Quizá por eso algunos perciben preocupación en los mercados. Más que nerviosismo, podría tratarse de una actitud de prevención. Los banqueros administran uno de los activos más sensibles de cualquier economía: la confianza. Y cuando administran confianza, están obligados a anticiparse a los problemas, incluso cuando estos todavía no son visibles para el público.

El artículo de Andy Dauhajre invita precisamente a esa reflexión. Más allá del precio de una hamburguesa, lo importante es preguntarnos si la estructura de nuestra economía está generando suficientes niveles de productividad, competitividad y salarios reales para sostener un crecimiento de largo plazo.

En economía, los indicadores nunca deben analizarse de forma aislada. El tipo de cambio, la inflación, las tasas de interés, el crédito, las reservas internacionales y la confianza empresarial forman parte de un mismo engranaje. Cuando una de esas piezas comienza a enviar señales distintas, los responsables de la política económica tienen el deber de reunirse, escuchar y actuar.

Porque la verdadera fortaleza de un sistema financiero no consiste en reaccionar cuando estalla la crisis, sino en detectar a tiempo los riesgos para que la crisis nunca llegue.