OPINIÓN, ANDRÉS A AYBAR BAEZ, PARA 7 SEGUNDO.- En Gazcue, las incongruencias saltan a la vista y hablan por sí solas. Como dice el argot popular, una foto vale más que mil palabras, y hoy esas imágenes revelan la absurda disparidad normativa que mantiene atrapado al sector en un ciclo de arrabalización y freno al desarrollo.
La primera foto —en la esquina de Socorro Sánchez con Avenida Independencia— muestra el avance impresionante del proyecto Murales, una estructura moderna de 12 y 24 pisos que ha devuelto dignidad visual, inversión y movimiento a esa parte del sector. Tan pronto se aprobó la densidad correspondiente, el mercado hizo lo que mejor sabe hacer: tomar riesgos, invertir, construir y transformar.
Sin embargo, a cuadra y media de allí, en la intersección de Lea de Castro con Hermanos Deligne, la segunda imagen presenta un anteproyecto de solo 8 pisos, que inexplicablemente no ha sido aprobado, a pesar de tener un impacto infinitamente menor en densidad, sombra, tráfico y servicios. ¿Cómo puede explicarse que un proyecto emblemático como Murales avance con toda su escala y elegancia, mientras un proyecto moderado y razonable de ocho niveles queda estancado en un limbo regulatorio?
Para los desarrolladores esto es, sencillamente, inviable: después de adquirir el terreno, realizar estudios y someterse al largo proceso administrativo, la cantidad de pisos permitidos no justifica la inversión. El resultado es el peor de todos: solares vacíos, casas deterioradas, estructuras a medio vivir… y arrabalización, justo lo que las autoridades dicen querer evitar.
Esta contradicción normativa nos obliga a una reflexión seria: ¿cómo es posible que, en una misma área, a solo una cuadra de distancia, cambien por completo los criterios urbanísticos? La ciudad no puede estar sujeta al azar del mapa ni a normativas concebidas hace décadas, para un Gazcue que ya no existe.
Hoy la realidad es otra:
• Crecimiento poblacional acelerado.
• Bancos, oficinas, consultorios y residencias compitiendo por espacio.
• Solares que, por falta de viabilidad regulatoria, se convierten en estacionamientos informales o depósitos improvisados.
• Y un patrimonio arquitectónico que se erosiona por falta de incentivos para renovarlo.
Gazcue no soporta más parches ni más arrabalización. Urge una mirada moderna, coherente y justa. No se trata de destruir el espíritu histórico del barrio, sino de integrarlo al siglo XXI con planificación responsable, densidades razonables y reglas claras para todos —no solo para algunos.
Por eso hacemos un llamado respetuoso, pero firme, a las autoridades urbanísticas: es hora de revisitar la normativa de Gazcue. Abrir la mente, mirar con objetividad lo que ya está pasando y permitir que el mercado, con regulación adecuada y visión de futuro, rescate este sector emblemático.
Porque Gazcue merece más. Merece orden, belleza, coherencia y desarrollo. Y todo empieza ajustando las reglas que hoy impiden que una de las zonas más emblemáticas de Santo Domingo vuelva a brillar.
