OPINIÓN, ANDRÉS A. AYBAR BÁEZ, PARA 7 SEGUNDOS.- La tarde de ayer quedará grabada en la memoria de los residentes de Gazcue como un recordatorio de la fuerza impredecible de la naturaleza y, al mismo tiempo, de la capacidad de respuesta y solidaridad de nuestras instituciones. Un fenómeno atmosférico repentino, identificado como una microrráfaga, impactó el sector con vientos superiores a los 100 km/h, provocando la caída de árboles de más de 80 años que no resistieron la violencia del evento. En apenas veinte minutos, troncos y ramas colapsaron sobre el tendido eléctrico, sumiendo a la comunidad en el caos y la incertidumbre.

Una microrráfaga es una intensa corriente descendente de aire frío que, al impactar la superficie terrestre, se dispersa horizontalmente a gran velocidad. Este fenómeno puede generar vientos destructivos capaces de derribar árboles, dañar infraestructuras y afectar redes eléctricas en cuestión de minutos, como ocurrió en Gazcue.

Ante esta inesperada emergencia, la reacción de las autoridades fue inmediata y ejemplar. Desde el momento en que solicitamos auxilio, se movilizó un valioso contingente humano y técnico que acudió con diligencia para salvaguardar vidas y restablecer la normalidad.

Expresamos nuestro más sincero agradecimiento al Ayuntamiento del Distrito Nacional, en la persona de su alcaldesa, Carolina Mejía, por su liderazgo, sensibilidad y pronta intervención en la remoción de escombros y la rehabilitación de las vías afectadas.

Asimismo, reconocemos la oportuna actuación de EDEESTE, que inició de inmediato las reparaciones del sistema eléctrico para restablecer el servicio; del Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones, por su respaldo técnico y logístico; y del Cuerpo de Bomberos del Distrito Nacional, cuya valentía y profesionalismo garantizaron la seguridad de los residentes durante la emergencia.

La coordinación interinstitucional evidenciada en esta ocasión demuestra que, cuando el deber y el compromiso se imponen, el Estado responde con eficacia y sensibilidad. Este esfuerzo conjunto no solo permitió atender la crisis con prontitud, sino que reafirmó la confianza ciudadana en nuestras instituciones.

Gazcue, joya histórica y patrimonial de Santo Domingo, se levanta hoy con renovada esperanza. Agradecemos profundamente a las autoridades y a los vecinos que, unidos en la adversidad, demostraron que la solidaridad y la cooperación son las bases de una comunidad resiliente.