Crónica en el marco de la Ruta Sefardí

OPINIÓN, ANDRÉS AYBAR BÁEZ, para 7 Segundos Multimedia. – En este viaje de memoria que me ha llevado a recorrer las huellas sefardíes en la península ibérica, he querido hacer una parada muy especial en la ciudad de Burgos, para rendir homenaje a uno de los grandes artistas que marcaron la vida cultural de la República Dominicana: José Vela Zanetti.

Fue por sugerencia de mi buen amigo Danilo Caro — profundo conocedor de su obra y de su historia — que esta visita se convirtió en un momento de reflexión y de gratitud. Como me decía Danilo: “No puedes pasar por Burgos sin recordar al maestro Vela, porque su vida es un testimonio de arte, exilio y fidelidad a sus ideales.”

Nacido en 1907 en Milagros, en la provincia de Burgos, Vela Zanetti sufrió en carne propia las consecuencias de la Guerra Civil española. Exiliado en 1939, encontró refugio en la República Dominicana gracias al gesto humanitario del presidente Trujillo, que permitió la llegada de muchos intelectuales y artistas perseguidos por el franquismo.

En suelo dominicano, Vela no solo reconstruyó su vida, sino que enriqueció la nuestra. Sus murales y frescos se encuentran en:
•La Biblioteca de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD),
•El Antiguo Palacio de Bellas Artes,
•La Catedral Primada de América,
•La Embajada de los Estados Unidos,
•así como en otras instituciones y edificios públicos.

Más allá de la técnica, su obra lleva una profunda carga de humanismo. En cada trazo está su fe en el hombre, en la libertad, en la dignidad. No es un arte de evasión, sino un arte que enseña y que ennoblece.

Su renombre traspasó fronteras: “La lucha del hombre por la paz”, mural que decora la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, es quizás su obra más universal. Pero América entera lo conoció: México, Cuba, Puerto Rico, y, por supuesto, nuestra República Dominicana, a la que siempre se sintió profundamente agradecido.

Durante mi visita a Burgos, tuve la emoción de contemplar los murales dedicados al Cid Campeador, que forman parte del patrimonio artístico de la ciudad el la sede de la Diputación Provincial de Burgos. Un detalle que me conmovió: mi amigo Danilo conserva, como tesoro personal, un fragmento de esa serie original, obsequiado por el propio Vela Zanetti. Es un lazo que nos recuerda cuánto de su espíritu sigue vivo entre nosotros.

Con la amnistía que permitió el regreso de los exiliados, Vela volvió a su tierra natal, donde siguió pintando hasta el final de sus días, sin renunciar jamás a sus ideales ni a su amor por la República Dominicana.

Hoy, al evocar su figura en este recorrido sefardí, siento que como país le debemos memoria y gratitud. No solo por los murales que embellecen nuestras ciudades, sino por la lección de vida que nos legó: que el arte puede ser puente entre pueblos, consuelo en el exilio y semilla de humanidad en tiempos de oscuridad.

Gracias, Danilo, por motivarme a hacer esta parada. A veces, los momentos más valiosos de un viaje son aquellos que nacen del recuerdo y de la amistad.

Honor y gratitud a Vela Zanetti: arte, exilio y lección de vida.