La Familia Salesiana informó el fallecimiento del padre Ángel Rogelio Soto Cruz, sacerdote que dedicó más de seis décadas al servicio educativo, pastoral y formativo. El religioso tenía 83 años al momento de su muerte. Los detalles de las exequias y el sepelio serán anunciados oportunamente por los canales oficiales de la Congregación.
En su nota de prensa, la Familia Salesiana destacó la trayectoria del padre Soto, ampliamente reconocido en Jarabacoa y La Vega. Nació el 27 de noviembre de 1942 en el barrio San Carlos de Santo Domingo, hijo de Ángel Armando Soto y Ana María Cruz, en un hogar marcado por la sencillez y la fe cristiana.
A los 12 años ingresó al Aspirantado Salesiano Domingo Savio de Jarabacoa y continuó su formación en República Dominicana, Cuba y Puerto Rico, emitiendo su primera profesión religiosa en 1959 y su profesión perpetua en 1965 en Haina. Realizó estudios teológicos en Guatemala y fue ordenado sacerdote el 4 de octubre de 1969 en Santo Domingo.
A lo largo de su vida, el padre Ángel Soto ocupó múltiples cargos dentro de la Congregación: educador, formador, director, delegado, ecónomo, vicario e inspector. Fue vicario inspectorial entre 1978 y 1984, y desempeñó el cargo de inspector en dos períodos (1984-1990 y 1996-2003). Entre 2002 y 2013 fue director y maestro de novicios en Jarabacoa, formando a generaciones de salesianos de República Dominicana, Cuba, Puerto Rico y Haití.
También fue responsable del Boletín Salesiano y del noticiero inspectorial, predicador de retiros espirituales en América Latina, y autor de publicaciones sobre la vocación salesiana. Realizó estudios en psicopedagogía y evaluación psicológica en Turín, Italia, y participó en diversas comisiones capitulares.
Su labor fue reconocida con múltiples distinciones, entre ellas ser declarado Hijo Adoptivo de Jarabacoa en dos ocasiones (1994 y 2009) y recibir un Doctorado Honoris Causa en Humanidades por la Universidad Agroforestal Fernando Arturo de Meriño en 2012.
Aun en su vejez, el padre Ángel Soto continuó acompañando a jóvenes, salesianos y laicos con lucidez y pasión pastoral, dejando un legado humano y espiritual significativo para la Iglesia y la Familia Salesiana.
La Familia Salesiana eleva una oración por su vida y ministerio, encomienda su alma al Padre misericordioso y pide consuelo para familiares, hermanos salesianos y comunidades que hoy lloran su partida, con la esperanza en la Resurrección.
