OPINIÓN, ANDRÉS A. AYBAR BÁEZ PARA 7 SEGUNDOS MULTIMEDIA.- La política dominicana está entrando en una nueva etapa. Las redes sociales han democratizado la comunicación y permitido que nuevas voces lleguen a millones de personas sin necesidad de las estructuras tradicionales de los partidos políticos. Eso tiene aspectos positivos, pero también riesgos que no debemos ignorar.
En los últimos meses hemos visto cómo figuras de gran influencia en las redes comienzan a coquetear con proyectos presidenciales sustentados principalmente en seguidores, visualizaciones, “likes” y tendencias digitales. La pregunta es sencilla: ¿basta la popularidad para gobernar un país?
La historia demuestra que no.
Administrar una nación es mucho más complejo que dirigir una plataforma digital o generar contenido atractivo para millones de personas. Gobernar implica comprender economía, relaciones internacionales, seguridad ciudadana, política fiscal, infraestructura, educación, salud pública y, sobre todo, tener la capacidad de construir consensos en una sociedad diversa y compleja.
La República Dominicana atraviesa un momento de fragmentación política. El antiguo bipartidismo desapareció hace años. El PLD se dividió entre el liderazgo de Leonel Fernández y Danilo Medina. El PRM también muestra señales de competencia interna entre distintos proyectos presidenciales. Esa realidad genera espacios vacíos que pueden ser aprovechados por figuras ajenas a la política tradicional.
Sin embargo, el descontento ciudadano con los partidos no puede llevarnos a sustituir la experiencia por la improvisación.
Los dominicanos debemos exigir a quienes aspiran a dirigir el país que presenten propuestas concretas, equipos técnicos competentes, planes viables y una visión clara de nación. No podemos conformarnos con discursos emocionales, promesas imposibles o campañas diseñadas únicamente para las redes sociales.
La democracia necesita renovación, pero también responsabilidad.
Quizás ha llegado el momento de que las principales fuerzas políticas hagan un esfuerzo serio por construir consensos, renovar liderazgos y presentar propuestas que respondan a los problemas reales de la población. La falta de acuerdos entre los actores tradicionales solo crea espacios para aventuras políticas que pueden resultar atractivas en las redes, pero inviables en la realidad.
La República Dominicana necesita soluciones, no espectáculos.
Necesita líderes capaces de unir, no de dividir; de gobernar, no simplemente de comunicar; de resolver problemas, no de generar tendencias.
Las redes sociales son una herramienta poderosa para conquistar atención. Pero gobernar un país exige mucho más que atención: exige experiencia, prudencia, conocimiento y capacidad de ejecución.
Los dominicanos debemos evaluar cuidadosamente a quienes aspiran a dirigir los destinos de la nación. El futuro de la República no puede decidirse por la cantidad de seguidores que tenga una persona, sino por su capacidad real para conducir el país hacia un desarrollo sostenible, democrático e inclusivo.
La popularidad puede ganar una tendencia. La experiencia y la capacidad son las que construyen una nación.
