OPINIÓN, ANDRÉS AYBAR BÁEZ, para 7 Segundos Multimedia. – Acabo de concluir un camino de cinco años acompañando a mi esposa en su tratamiento oncológico. Un trayecto marcado por múltiples batallas: desde medicamentos de alto costo hasta quimioterapias que costaban apenas RD$2,000. En este tiempo, comprendí que, a pesar de todo lo que se escribe y promete, el cáncer sigue siendo un enigma.
Libramos varias luchas, algunas ganadas parcialmente, otras que decidimos perdonar por el bien emocional de todos, mientras el marcador tumoral —el temido índice CA— seguía subiendo. Finalmente, fue la enfermedad la que tomó el control. Descubrimos que el cáncer es traicionero, una experiencia de ensayo y error cargada de angustia, tanto para el paciente como para su familia.
Recuerdo con claridad cada vez que recibíamos un nuevo tratamiento costoso y la receta indicaba que era un “paliativo”. Esa palabra aún me retumba en la cabeza. ¿Cómo es posible que, después de tanto avance tecnológico, de tantas inversiones en investigación, aún la mayoría de los tratamientos oncológicos sigan siendo paliativos y no curativos?
Esto no es un reproche, sino una reflexión. Un llamado a los investigadores, a la industria farmacéutica y a quienes dedican su vida a la ciencia: necesitamos avanzar más allá del alivio temporal. Necesitamos soluciones verdaderas, definitivas. Mi esposa se realizaba mamografías semestrales, cuidaba de su salud, y aun así, el cáncer de mama se transformó en una condena lenta que agotó su cuerpo tras años de tratamientos agresivos.
Este artículo no busca respuestas fáciles, sino despertar conciencia. Que quienes tienen en sus manos los recursos y el conocimiento no se conformen con “paliar”, sino que luchen por curar. Porque detrás de cada paciente hay una familia entera enfrentando una despedida larga, dolorosa e impotente, mientras la ciencia —a veces— parece caminar demasiado lento.
