OPINIÓN, Andrés A. Aybar Báez para 7 Segundos Multimedia.– La República Dominicana ha cambiado radicalmente desde 1966. Somos una economía mucho más grande, moderna y diversificada. Sin embargo, existe una cifra que merece una discusión nacional seria: nuestra deuda externa ha crecido considerablemente más rápido que el PIB nominal durante estas seis décadas.

Según la serie histórica utilizada para este análisis, en 1966 la deuda externa era de aproximadamente US$140 millones. Para 2026 alcanzaría US$67,370 millones, utilizando la cifra proyectada.

Eso significa que la deuda se habría multiplicado aproximadamente 480 veces.

Durante el mismo período, el PIB nominal habría pasado de unos US$1,256 millones a US$125,000 millones, es decir, cerca de 100 veces.

La comparación es contundente:

Deuda externa: ×480.
PIB nominal: ×100.

Pero existe un indicador todavía más revelador.

Al cierre del período 1966-1978, la deuda externa equivalía aproximadamente al 17.7% del PIB. La relación posteriormente fluctuó considerablemente y llegó incluso a alrededor de 19.3% en el año 2000.

A partir de entonces, según esta serie, comienza una trayectoria ascendente: 24.4% en 2004; 35.0% en 2008; 41.4% en 2012; 43.8% en 2016; 49.9% en 2020; 52.3% en 2024 y aproximadamente 53.9% proyectado para 2026.

Aquí está el verdadero debate.

No se trata de buscar culpables

Sería intelectualmente incorrecto convertir estas cifras en propaganda contra un gobierno determinado.

Todos los principales partidos que han gobernado la República Dominicana durante estas décadas han recurrido al endeudamiento.

Unos más que otros, ciertamente. Y cada período debe analizarse dentro de sus circunstancias: crisis económicas, crisis bancaria, pandemia, precios internacionales, tasas de interés, necesidades de infraestructura y acontecimientos extraordinarios.

Pero cuando una tendencia atraviesa gobiernos, partidos y generaciones, deja de ser exclusivamente un problema político y se convierte en un problema estructural del Estado dominicano.

La pregunta, por tanto, no es solamente quién tomó prestado.

La pregunta correcta es:

¿qué hicimos con el dinero?

Endeudarse no es necesariamente malo

La deuda puede ser un poderoso instrumento de desarrollo.

Si un país toma US$1,000 millones para construir infraestructura que aumenta la productividad, genera empleos, facilita exportaciones y produce crecimiento durante décadas, ese endeudamiento puede estar plenamente justificado.

El problema aparece cuando la deuda financia déficits recurrentes, gasto corriente, burocracia excesiva, subsidios permanentes o inversiones cuya rentabilidad económica y social resulta inferior al costo de financiarlas.

Entonces ocurre algo peligroso: consumimos hoy y enviamos la factura al futuro.

Y quienes terminarán pagando esa factura serán nuestros hijos, nietos y posiblemente bisnietos.

El PIB no paga directamente la deuda

Hay otro elemento que frecuentemente olvidamos.

Decimos que determinada deuda representa cierto porcentaje del PIB. Es una referencia internacional importante, pero el Gobierno no recauda el PIB.

El Gobierno paga sus obligaciones fundamentalmente con ingresos fiscales y nuevo financiamiento.

Por eso necesitamos mirar también cuánto representan los intereses respecto de los ingresos del Estado, cuánto del presupuesto se destina al servicio de la deuda y cuánto espacio queda disponible para educación, salud, seguridad, agua, infraestructura y demás necesidades nacionales.

Un país puede continuar obteniendo financiamiento durante mucho tiempo y, sin embargo, ir perdiendo progresivamente libertad presupuestaria.

Ese es quizás el peligro menos visible del endeudamiento.

Una economía 100 veces mayor también es nuestra fortaleza

No debemos cometer el error contrario y presentar únicamente una visión pesimista.

Que el PIB nominal dominicano haya pasado de aproximadamente US$1,256 millones a unos US$125,000 millones refleja una transformación extraordinaria.

Turismo, zonas francas, construcción, servicios, exportaciones, remesas, inversión extranjera y un sector privado mucho más desarrollado han convertido a la República Dominicana en una economía incomparablemente más fuerte que la de 1966.

Precisamente por eso debemos exigirnos más.

Una economía que ha aumentado aproximadamente cien veces su tamaño debería aspirar a depender cada vez menos —y no cada vez más— del endeudamiento para sostener sus obligaciones ordinarias.

El problema ya no pertenece a un gobierno

La deuda acumulada no pertenece al PRSC, PRD, PLD ni PRM.

Pertenece a la República Dominicana.

Los gobiernos pasan. Los presidentes terminan sus períodos. Los ministros cambian. Las campañas electorales concluyen.

La deuda permanece.

Por eso necesitamos una política de Estado que establezca disciplina fiscal, prioridades claras para el endeudamiento y una evaluación rigurosa del rendimiento económico y social de cada gran proyecto financiado con deuda.

No debemos proponernos irresponsablemente dejar de tomar préstamos de un día para otro. Eso sería económicamente inviable.

Debemos proponernos algo mucho más sensato: que la economía, los ingresos fiscales y nuestra capacidad productiva crezcan sostenidamente por encima de nuestras obligaciones financieras.

La pregunta que debemos hacernos

Después de observar seis décadas completas, las cifras plantean una advertencia.

En términos nominales, la deuda externa pasó de aproximadamente US$140 millones a US$67,370 millones.

Se multiplicó alrededor de 480 veces, mientras el PIB nominal lo hizo aproximadamente 100 veces.

Y según las cifras utilizadas, la relación entre deuda externa y PIB pasó de aproximadamente 17.7% al cierre de 1978 a casi 54% proyectado para 2026.

No afirmo que mañana tendremos una crisis de deuda.

Afirmo algo diferente: ningún país puede sentirse indefinidamente cómodo cuando sus obligaciones financieras crecen sistemáticamente más rápido que su capacidad económica para respaldarlas.

Este debate tampoco debería esperar las próximas elecciones.

Es precisamente antes de ellas cuando deberíamos exigir un compromiso fiscal serio a quienes aspiren a gobernarnos.

Porque existe una pregunta que ningún partido puede evadir:

¿Hasta dónde podemos seguir endeudándonos y qué República Dominicana financiera estamos dejando a las próximas generaciones?

La deuda que contratamos hoy aparece en nuestras estadísticas.

Pero la factura llegará mañana.

Nota: las cifras de 2026 corresponden a las proyecciones utilizadas en las gráficas que acompañan este artículo. Para fines de comparación histórica debe mantenerse una metodología homogénea en la definición de deuda externa.