OPINIÓN, ANDRÉS AYBAR BÁEZ, para 7 Segundos Multimedia. – La reciente designación de Magín Díaz como nuevo ministro de Hacienda marca un punto de inflexión para el gobierno del presidente Luis Abinader y para la economía dominicana en su conjunto. Tras casi cuatro años de una gestión encabezada por José Manuel (Jochi) Vicente, el cambio representa mucho más que un simple relevo técnico: encarna la posibilidad de corregir un rumbo que muchos consideran desacertado, en el manejo de las finanzas públicas y en la relación del Estado con el aparato productivo nacional.
Jochi Vicente llegó al cargo con altas credenciales del sector empresarial, generando grandes expectativas. Sin embargo, su paso por Hacienda dejó una impronta marcada por rigidez, distancia y una política de denegación sistemática que le ganó el apodo informal de “el señor No”. Desde las negativas a pagos contractuales ya presupuestados hasta la paralización de importantes obras públicas, su gestión ha sido vista como un obstáculo más que un motor del crecimiento económico. Intentó imponer una reforma fiscal agresiva, sin consultar ni consensuar con los sectores sociales y económicos, lo que terminó provocando rechazo generalizado, protestas públicas y el descrédito de su propuesta.
A esto se suma un endeudamiento sin precedentes, que dejó al país con más préstamos que realizaciones, y con una justicia instrumentalizada en algunos casos para justificar la no erogación de fondos. Bajo su liderazgo, el Ministerio de Hacienda actuó muchas veces como una muralla burocrática que detuvo compromisos asumidos por el propio gobierno, afectando a empresarios, contratistas y sectores productivos.
Ahora el presidente Abinader baraja una carta distinta: Magín Díaz. Aunque su trayectoria comenzó en la tecnocracia de los gobiernos de Hipólito Mejía, Leonel Fernández y Danilo Medina, y terminó abruptamente al frente de la Dirección General de Impuestos Internos (DGII), Magín ha sabido reinventarse. Alejado del poder, se convirtió en un asesor respetado del sector empresarial, con una visión más estratégica y conciliadora. Su regreso al Estado —aunque inesperado por algunos— ha sido recibido con alivio y expectativas positivas.
La lectura política de su nombramiento es clara: se busca un equilibrio. Alguien capaz de tender puentes entre el empresariado, la oposición y la comunidad internacional, sin perder de vista las necesidades de una reforma fiscal impostergable. Pero esta vez, con mejor comunicación, más transparencia y sentido de realidad.
Magín Díaz no es un improvisado. Él mismo, en una entrevista televisiva reciente, lanzó una advertencia certera al presidente: “Usted se está ganando dos trofeos, el de mayor endeudamiento y el de menor inversión en obras públicas. Llévese solo uno”. Esa frase, más que una crítica, fue una oferta de enmienda. Y tal vez ahí comenzó su retorno.
La República Dominicana necesita activar su economía, terminar sus obras públicas, ordenar sus subsidios y reformar su sistema fiscal. Todo eso requiere firmeza, pero también consenso. Magín Díaz podría ser ese canal. Tiene ante sí la oportunidad de rehacer lo que no se logró con su antecesor: una política económica funcional, pragmática y realista.
Solo el tiempo dirá si el nuevo ministro será recordado como el hombre que corrigió el curso o como otro capítulo de frustración. Por ahora, le toca demostrar que el país puede volver a crecer sin traumas, sin improvisaciones y sin más “no” que paralicen su desarrollo.
