SANTO DOMINGO.- Los costos laborales no salariales mínimos para un empleador formal oscilan entre el 29.3% y el 31.1% del salario anual del trabajador. Estos gastos incluyen aportes a la seguridad social, el pago al Instituto Nacional de Formación Técnico Profesional (INFOTEP) —independientemente de si los empleados utilizan sus servicios—, el sueldo 13 o regalía, y las vacaciones.
En el caso de una empresa que genera beneficios, los costos laborales no salariales mínimos aumentan a un rango de entre el 45.0% y el 52.1% del salario anual. Esto se debe a que el Código de Trabajo estipula que el empleador debe distribuir al menos el 10% de sus ganancias entre los trabajadores.
Si una empresa debe despedir a un empleado, el costo mínimo de indemnización equivale al 54.48% del salario anual para trabajadores con al menos un año de antigüedad. Este costo aumenta con el tiempo; por ejemplo, un empleado con 20 años en la empresa podría representar un costo de cesantía del 222.8%.
Como afirmó Isaiah Berlin: “No todas las cosas son compatibles, y menos los ideales de la humanidad”. Intentar beneficiar a los empleados por encima de su aporte a los procesos productivos puede generar desigualdades e ineficiencias.

Los más afectados por esta situación son los jóvenes con poca experiencia o formación, ya que resulta difícil contratarlos formalmente debido a los altos costos que la legislación exige a las empresas. Esto contribuye a los elevados niveles de informalidad laboral en el país.
Por otro lado, los empleados de mayor antigüedad suelen ser los más beneficiados, ya que, aunque no sean tan productivos, el costo de sustituirlos por talento más eficiente es elevado para las empresas.
Esta realidad impone el ideal sobre el bienestar. Primero, los altos costos limitan la contratación de empleados formales y restringen los salarios que las empresas pueden ofrecer. Segundo, los trabajadores dominicanos reciben remuneraciones más bajas porque los empleadores deben asumir estos costos adicionales.
Tanto la prosperidad individual como la colectiva se ven afectadas por ideales que carecen de un fundamento económico sólido. Es crucial abordar este tema en los debates sobre la reforma laboral. De lo contrario, los más perjudicados seguirán siendo aquellos a quienes se busca proteger.
Con información de Fundación CREES
