OPINIÓN, ANDRÉS A. AYBAR BÁEZ PARA 7 SEGUNDOS MULTIMEDIA.- Hay historias empresariales que se cuentan con números. Y hay otras que se cuentan con emoción, memoria y orgullo nacional.
La historia de Arajet pertenece a esta segunda categoría.
Este fin de semana tuve la oportunidad de utilizar la línea aérea dominicana Arajet, en un vuelo de ida y vuelta hacia Guatemala. Confieso que al abordar sentí algo más que la simple experiencia de viajar: sentí orgullo. Orgullo dominicano.
Mientras el avión tomaba altura, inevitablemente recordé a un hombre cuya historia es casi una leyenda empresarial dominicana: Víctor Méndez Capellán.
Hace más de medio siglo, cuando el turismo dominicano apenas comenzaba a despertar, su agencia de viajes organizó mi luna de miel. Era la época en que viajar era todavía un privilegio para pocos y donde cada boleto representaba esfuerzo, ilusión y planificación. Nadie imaginaba entonces que aquella familia emprendedora llegaría a construir uno de los conglomerados financieros y de servicios más importantes del país.
Don Víctor comenzó prácticamente desde la nada.
Huérfano desde niño, aprendió desde temprano que la vida se construye trabajando y soñando al mismo tiempo. Con una mezcla de disciplina y visión empresarial pasó de vender billetes de la Lotería Nacional a crear el Grupo Vimenca, que luego se convertiría en un referente en remesas, servicios financieros y apoyo a la diáspora dominicana.
Pero los verdaderos empresarios no solo construyen empresas.
Construyen generaciones.
Hoy vemos cómo ese espíritu emprendedor continúa en la familia. Su nieto, Víctor Pacheco Méndez, decidió llevar el sueño un paso más allá: poner a volar a la República Dominicana.
Así nació Arajet.
Una aerolínea dominicana moderna, competitiva y ambiciosa que comenzó operaciones en 2022 con la visión de conectar el Caribe y las Américas desde Santo Domingo.
Pero Arajet no es simplemente una empresa de aviación.
Es el símbolo de algo mucho más grande.
Es el reflejo de un país que ha aprendido a creer en sí mismo.
Durante décadas, los dominicanos tuvimos que depender de aerolíneas extranjeras para conectarnos con el mundo. Hoy vemos despegar aviones con bandera dominicana, con talento dominicano y con la ambición de convertir al país en un verdadero hub aéreo del Caribe.
En cada avión de Arajet hay algo más que pasajeros.
Hay historia.
Está la historia de aquel joven emprendedor que comenzó vendiendo lotería y terminó creando un imperio empresarial.
Está la historia de una familia que entendió que el éxito no es solo acumular riqueza, sino crear oportunidades para otros dominicanos.
Y está la historia de una nueva generación que decidió mirar hacia el cielo y decir:
“Ahora nos toca volar.”
Cuando el avión aterrizó en Guatemala, pensé en algo que quizás muchos dominicanos no perciben todavía.
Cada vuelo de Arajet es también un mensaje al mundo.
Un mensaje que dice que la República Dominicana no solo exporta turismo, béisbol y música.
También exporta empresarios, visión y capacidad de competir globalmente.
Por eso esta historia merece ser contada.
Porque detrás de cada avión que despega hay un legado familiar, un país que progresa y un sueño que comenzó hace décadas cuando un hombre humilde decidió creer en sí mismo.
Y como bien decía don Víctor:
“Si yo pude… tú también puedes.”
Hoy ese sueño no solo camina.
Hoy ese sueño vuela en ARAJET.
