OPINIÓN, ANDRÉS A. AYBAR BÁEZ, para 7 Segundos Multimedia.- La historia no se puede reescribir, pero sí se puede analizar. En ocasiones, se pierden oportunidades que solo se aprecian con el paso del tiempo. Una de las preguntas que me hago al observar la evolución económica de la República Dominicana durante los últimos años es: ¿qué habría sucedido si Magín Díaz hubiera sido designado Ministro de Hacienda desde el primer día del gobierno del presidente Luis Abinader?
No se trata de restar méritos a quienes han ocupado posiciones de responsabilidad en la actual administración. Tampoco de caer en el ejercicio estéril de la crítica retrospectiva. Se trata, más bien, de reflexionar sobre el impacto que puede tener el liderazgo técnico adecuado en el momento oportuno.
Magín Díaz reúne características poco comunes en la administración pública dominicana. Posee una sólida formación técnica, experiencia en el manejo de las finanzas públicas, credibilidad ante los organismos internacionales y, quizás más importante aún, una capacidad de diálogo que le permite tender puentes entre el sector público, el sector privado y los distintos actores políticos.
Durante los años que permaneció fuera del Estado, lejos de aislarse, fortaleció sus vínculos con el sector empresarial y amplió su comprensión de los desafíos que enfrentan quienes generan empleos e inversiones. Esa experiencia le otorgó una visión más integral de la economía dominicana, combinando la perspectiva fiscal con la realidad productiva del país.
A mi juicio, el gobierno perdió una oportunidad valiosa de conformar desde el inicio una dupla económica de primer nivel entre Héctor Valdez Albizu y Magín Díaz. El primero aportando la estabilidad monetaria, la prudencia y la credibilidad acumulada durante décadas al frente del Banco Central; el segundo impulsando las reformas estructurales necesarias para fortalecer las finanzas públicas y elevar la competitividad nacional.
Probablemente habríamos visto una reforma fiscal integral mucho antes, diseñada desde una perspectiva técnica y no condicionada por las coyunturas políticas del momento. Quizás el país habría avanzado más rápidamente en la reducción de subsidios ineficientes, en la racionalización del gasto público, en la disminución del déficit cuasi fiscal y en la modernización de la administración tributaria.
También es posible que se hubiese logrado una mejor comunicación con los distintos sectores económicos, generando mayores consensos alrededor de decisiones difíciles pero necesarias para garantizar la sostenibilidad de las finanzas públicas.
La República Dominicana ha mantenido un crecimiento económico destacable en comparación con muchos países de la región. Sin embargo, seguimos enfrentando desafíos estructurales importantes: un sistema eléctrico costoso, elevados subsidios, un endeudamiento creciente, limitaciones en la calidad del gasto público y una presión constante sobre las cuentas fiscales.
La verdadera pregunta no es si Magín Díaz habría resuelto todos esos problemas. Ningún funcionario posee poderes mágicos. La pregunta es si el país habría avanzado más rápido en enfrentarlos. Mi impresión es que sí.
Las naciones progresan cuando logran combinar liderazgo político con excelencia técnica. Y en momentos de transformación, la selección de los equipos resulta tan importante como la visión del gobernante.
Tal vez nunca sabremos con certeza cuál habría sido el resultado de esa combinación desde el primer día. Lo que sí sabemos es que el país necesita cada vez más servidores públicos capaces de construir consensos, comunicar reformas complejas y tomar decisiones pensando en las próximas generaciones y no únicamente en el próximo ciclo electoral.
La experiencia de Magín Díaz sigue representando un activo importante para el país. Y las oportunidades de aprovechar el talento nacional nunca deberían desperdiciarse.
