Cuando la excepción se convierte en la norma.

OPINIÓN, ANDRÉS A. AYBAR BÁEZ PARA 7 SEGUNDOS MULTIMEDIA.-Si existe un símbolo visible del deterioro del orden urbano en la República Dominicana, ese símbolo es el caos generado por una parte importante del parque de motocicletas que circula diariamente por nuestras calles.

Conviene aclarar algo desde el inicio: la motocicleta no es el problema. Miles de dominicanos honestos utilizan este medio de transporte para trabajar, estudiar y sostener a sus familias. El verdadero problema surge cuando la falta de regulación efectiva y el incumplimiento sistemático de las normas convierten nuestras calles en un escenario donde parece imperar la ley de la selva.

En cualquier avenida del país es posible observar conductores transitando en vía contraria, circulando por las aceras, ignorando semáforos, desplazándose entre vehículos en movimiento, transportando familias completas sin protección o realizando giros prohibidos sin la menor preocupación por las consecuencias.

Lo más preocupante es que estas conductas han dejado de sorprendernos. Nos hemos acostumbrado a ellas.

La normalización del desorden es quizás el mayor peligro.

Mientras en la mayoría de los países desarrollados la motocicleta forma parte de un sistema organizado de movilidad, en la República Dominicana una parte significativa de este sector opera al margen de las reglas básicas de tránsito.

Las consecuencias son dramáticas.

Los accidentes de motocicletas representan una de las principales causas de muertes en las vías dominicanas. Detrás de cada estadística hay familias destruidas, huérfanos, viudas, discapacidades permanentes y enormes costos para el sistema de salud.

A ello se suma la percepción de inseguridad que generan numerosos motores sin identificación visible, muchos de ellos utilizados para cometer delitos o facilitar la huida de delincuentes.

El problema también impacta la calidad de vida urbana. Los peatones son desplazados de las aceras, los conductores viven en permanente tensión y el respeto por las normas termina erosionándose para todos.

Cuando un ciudadano observa que las infracciones ocurren diariamente sin consecuencias, comienza a perder confianza en la autoridad y en la propia utilidad de cumplir las reglas.

Es un círculo vicioso.

Más desorden genera menos respeto por la ley, y menos respeto por la ley genera aún más desorden.

La solución no consiste en perseguir indiscriminadamente a los motoristas. Tampoco en satanizar a quienes utilizan este medio de transporte para ganarse la vida dignamente.

La solución pasa por una estrategia integral:

  • Registro efectivo de todas las motocicletas.
  • Uso obligatorio y fiscalizado del casco protector.
  • Identificación visible de conductores y pasajeros.
  • Programas permanentes de educación vial.
  • Sanciones reales para quienes violen las normas.
  • Mayor presencia de agentes especializados.
  • Creación de corredores y espacios adecuados para motocicletas en las vías de mayor circulación.

Pero, sobre todo, se requiere voluntad política para hacer cumplir la ley.

Ninguna ciudad puede aspirar a ser moderna si las aceras son utilizadas como carriles alternos y los semáforos son vistos como simples sugerencias.

El desarrollo no se mide únicamente por los edificios que construimos ni por el crecimiento de la economía. También se mide por nuestra capacidad de respetar las reglas básicas de convivencia.

La motocicleta seguirá siendo una herramienta fundamental para miles de dominicanos. Lo que debe cambiar es la cultura de impunidad que permite que algunos conviertan las calles en un territorio sin normas.

Porque cuando el desorden se vuelve costumbre, toda la sociedad termina pagando el precio.