OPINIÓN, ANDRÉS A. AYBAR BÁEZ, PARA 7 SEGUNDOS.- La política latinoamericana ha entrado en una nueva etapa. Ya no basta con analizar partidos, liderazgos o programas de gobierno; hoy también es necesario interpretar percepciones, redes sociales, encuestas, estrategias de comunicación y la irrupción de nuevos actores que alteran las reglas tradicionales del juego democrático.
La República Dominicana no escapa a esa realidad. Aunque faltan dos años para las elecciones presidenciales de 2028, el ambiente político comienza a configurarse alrededor de escenarios que merecen un análisis sereno.
Las encuestas publicadas hasta la fecha sitúan al Partido Revolucionario Moderno (PRM) como la principal fuerza electoral. Sin embargo, el verdadero desafío parece concentrarse en la competencia interna por la candidatura presidencial.
En ese contexto, David Collado aparece en varios estudios de opinión con un posicionamiento favorable. Al mismo tiempo, el expresidente Hipólito Mejía mantiene su respaldo a las aspiraciones de su hija, Carolina Mejía. Esa dinámica refleja una competencia natural dentro de un partido de gobierno, aunque también evidencia que las mediciones de opinión pueden convertirse en motivo de debate cuando distintos sectores interpretan los resultados de manera diferente.
A esta realidad se suma un fenómeno cada vez más frecuente en América Latina: la aparición de figuras provenientes de las redes sociales y del mundo de la comunicación digital. La posibilidad de que influencers con alta capacidad de movilización política participen en procesos electorales representa un cambio profundo en la manera de construir liderazgo y de captar el voto ciudadano.
En diversos países de la región hemos visto cómo candidatos ajenos a la política tradicional han logrado romper esquemas establecidos, modificando completamente el panorama electoral. La República Dominicana podría enfrentar un fenómeno similar si nuevos actores logran transformar popularidad digital en respaldo político.
Otro aspecto que merece atención es el comportamiento institucional del poder. A dos años de concluir su mandato, el presidente Luis Abinader continúa desarrollando una intensa agenda pública, inaugurando obras y visitando distintas provincias, acciones propias del ejercicio de gobierno pero que inevitablemente también tienen impacto en la percepción política.
Paralelamente, las recientes declaraciones del ministro de Hacienda y Economía sobre la necesidad de reorganizar las finanzas públicas y avanzar hacia una reforma estructural reflejan los desafíos económicos que enfrentará cualquier administración futura. Cuando la sostenibilidad fiscal entra en el centro del debate, también cambia el contexto político en que se desarrollan las campañas electorales.
Es precisamente en escenarios complejos donde surgen múltiples simulaciones políticas. En América Latina hemos observado situaciones en las que crisis económicas, fragmentación partidaria, debilidad institucional o liderazgos emergentes producen cambios que pocos anticipaban al inicio del proceso.
Por ello, algunos analistas plantean diversos escenarios hipotéticos para 2028. Entre ellos, la posibilidad de que la fragmentación electoral favorezca determinadas estrategias dentro del oficialismo o impulse discusiones sobre el futuro liderazgo del proyecto político gobernante. Tales escenarios forman parte del análisis político y no deben interpretarse como hechos consumados ni como predicciones.
La historia latinoamericana demuestra que las constituciones, las reglas electorales y las instituciones solo conservan su fortaleza cuando existe voluntad política para respetarlas. Las democracias se debilitan cuando las estrategias coyunturales terminan imponiéndose sobre las normas permanentes.
Más que intentar adivinar quién será el próximo presidente, el verdadero desafío consiste en comprender cuáles fuerzas están transformando la política dominicana: la fragmentación del voto, el peso creciente de las redes sociales, la influencia de las encuestas, la situación fiscal del Estado y la capacidad de los partidos tradicionales para adaptarse a una ciudadanía cada vez más independiente.
Las elecciones de 2028 podrían convertirse en una de las contiendas más abiertas e impredecibles de las últimas décadas. En política, las apariencias rara vez cuentan toda la historia. Muchas veces, lo verdaderamente importante no es lo que ocurre sobre el escenario, sino lo que se mueve detrás del telón.
