OPINIÓN, ANDRÉS AYBAR BÁEZ PARA 7 SEGUNDOS MULTIMEDIA.– La política, como el béisbol, suele anunciar sus jugadas mucho antes de que el público las perciba. Los grandes estrategas observan las señales del catcher, estudian la posición de los jugadores en el terreno y anticipan hacia dónde viene el lanzamiento. En política ocurre algo parecido.

En las últimas semanas han llamado la atención dos imágenes. Una de ellas muestra al ministro de Turismo, David Collado, a bordo del portaaviones USS Nimitz junto a altas autoridades militares. La otra refleja la visita de la embajadora de los Estados Unidos, Leah Campos, a figuras relevantes del escenario político nacional, entre ellas Gonzalo Castillo.

Por sí solas, estas fotografías no significan respaldo político alguno. Sería irresponsable afirmarlo. Sin embargo, en política las imágenes tienen lenguaje propio y los símbolos suelen ser tan importantes como las palabras.

Mi lectura personal es que Washington, como toda potencia, procura mantener canales de comunicación abiertos con todas las fuerzas políticas relevantes de un país aliado. La diplomacia moderna no apuesta necesariamente a un solo candidato; apuesta a la estabilidad, a la gobernabilidad y a preservar relaciones fluidas con quienes puedan ocupar posiciones de poder en el futuro.

Bajo esa óptica, resulta interesante observar cómo tres figuras parecen consolidarse como actores centrales hacia el 2028: Leonel Fernández, David Collado y Gonzalo Castillo.

Leonel Fernández continúa siendo, probablemente, la figura individual con mayor experiencia presidencial y capacidad de movilización electoral propia. Collado representa la continuidad de una gestión gubernamental que mantiene niveles importantes de aceptación pública. Gonzalo Castillo, por su parte, simboliza la posibilidad de preservar viva la estructura histórica del PLD sin diluirla completamente dentro de otras organizaciones políticas.

Es precisamente ahí donde surge uno de los elementos más interesantes del tablero político dominicano: las heridas históricas entre los grupos que una vez convivieron dentro del PLD. Las diferencias que produjeron la separación entre Leonel Fernández y Danilo Medina no desaparecen fácilmente. La política tiene memoria, y muchas veces los factores personales terminan influyendo tanto como las ideologías.

Por ello, algunos observadores consideran que la ruta más favorable para Leonel Fernández podría ser una victoria en primera vuelta. Una segunda vuelta abriría escenarios de negociación donde las alianzas podrían construirse más sobre viejas rivalidades y conveniencias estratégicas que sobre afinidades doctrinarias.

Mientras tanto, el oficialismo parece concentrado en fortalecer una candidatura competitiva con capacidad de atraer tanto al electorado tradicional como a sectores independientes. En ese contexto, la imagen de David Collado en el USS Nimitz proyecta algo más que turismo. Proyecta liderazgo, proyección internacional y una dimensión de estadista que trasciende su gestión ministerial. La fotografía fue cuidadosamente construida y, como toda buena fotografía política, busca comunicar un mensaje.

¿Es una señal definitiva? No.

¿Es una señal que merece ser observada? Sin duda.

La historia dominicana demuestra que las elecciones no se ganan cuatro meses antes de votar; comienzan a construirse años antes mediante gestos, símbolos, encuentros, fotografías y relaciones estratégicas.

Por eso conviene mirar el terreno con atención. Los lanzamientos decisivos todavía no han comenzado. Pero los catchers ya están enviando señales.

Y en política, como en las Grandes Ligas, muchas veces quien aprende a leer las señales entiende el juego antes que los demás.