OPINIÓN, ANDRÉS A. AYBAR BÁEZ, PARA 7 SEGUNDOS.- Han pasado tres décadas desde el asesinato de José Rafael Llenas Aybar, y la República Dominicana todavía carga una sensación incómoda: la de no haber conocido toda la verdad.

El tiempo ha pasado, los protagonistas envejecieron, el país cambió… pero las dudas siguen intactas en la conciencia colectiva dominicana. Porque más allá de las condenas judiciales y de los titulares de la época, quedó sembrada en gran parte de la sociedad la percepción de que hubo niveles de protección política y diplomática que nunca permitieron llegar hasta el fondo real de aquella tragedia.

Mario José Redondo Llenas y Juan Manuel Moliné Rodríguez terminaron cargando con todo el peso del horror y del repudio público. Y aunque nadie puede justificar jamás el horrendo crimen cometido contra un niño inocente, todavía hoy muchos dominicanos continúan preguntándose qué elementos faltaron por conocerse, quiénes callaron y qué intereses se movieron detrás del escenario.

Los nombres vinculados al entorno diplomático de los Palmas Meccia quedaron grabados en la memoria pública como parte de ese capítulo oscuro que nunca terminó de explicarse satisfactoriamente. La salida del país de figuras relacionadas al caso dejó una percepción de impotencia colectiva y de desconfianza hacia un sistema que parecía incapaz de enfrentar determinados poderes e influencias.

El Estado dominicano también quedó en deuda con la familia Llenas Aybar y con toda la sociedad. Porque cuando un caso de esa magnitud deja más preguntas que respuestas, el dolor nunca termina de cerrar completamente.

Y hay algo que, personalmente, después de treinta años, todavía no logro comprender: ¿qué lleva a un joven de apenas 19 años a involucrarse en un acto de semejante crueldad? Hay piezas humanas, psicológicas y emocionales de esta historia que jamás fueron totalmente aclaradas ante el país.

Quizás por eso el caso sigue vivo en la memoria nacional. Porque no fue solamente un crimen. Fue también un golpe a la confianza de una sociedad que sintió que la verdad completa nunca terminó de salir a la luz.

Ojalá algún día Mario José Redondo Llenas decida escribir esa página en blanco que aún permanece abierta. No para justificar lo injustificable, porque nada podrá borrar el dolor causado, sino para que la verdad completa no se la lleve a la tumba y para que la historia dominicana pueda finalmente comprender qué ocurrió realmente detrás de uno de los episodios más impactantes y dolorosos de nuestra vida republicana.

Treinta años después, el país todavía espera respuestas. Y quizás eso sea lo más duro de todo.