Tras el reciente hecho ocurrido en Santiago de los Caballeros, donde el chofer de un camión recolector de basura fue perseguido y apuñalado en una pierna por un grupo de motoconchistas, falleciendo posteriormente a causa de la herida, todo debido a un roce con uno de ellos, surge nuevamente la preocupación por la violencia en las calles.

Distintos motociclistas de la Federación Nacional de Motoconchistas han sido vistos portando chalecos con la frase: «Un golpe a uno, un golpe a to’», una consigna que podría interpretarse como un símbolo de compañerismo y apoyo entre colegas, pero que termina reflejando una peligrosa dinámica: un conflicto individual puede transformarse rápidamente en un enfrentamiento colectivo.

Este hecho no es aislado. El 19 de diciembre del pasado año, un grupo de motociclistas persiguió un vehículo en la avenida Duarte y lanzó cascos y patadas contra el automóvil tras un pequeño roce. En julio, otro conductor de una yipeta fue perseguido en la avenida Winston Churchill, casi esquina John F. Kennedy, donde le lanzaron cascos. En medio del ataque, el chofer embistió a varios de los agresores para defenderse; seis motociclistas fueron sometidos a la justicia por ese hecho.

Estos sucesos reavivan el debate sobre la violencia que genera esta consigna, que convierte incidentes menores en episodios de extrema agresividad y pone en riesgo la seguridad vial.