OPINIÓN, ANDRÉS AYBAR BÁEZ, PARA 7 SEGUNDOS.- Como señalé desde el primer momento, lo ocurrido en Jet Set no es responsabilidad de una sola familia o empresario: es el reflejo de una sociedad que, poco a poco, ha normalizado la permisividad, la improvisación y la falta de consecuencias.
Esta tragedia —que ha cobrado la vida de más de 200 personas— ha dejado al descubierto algo aún más doloroso: la pérdida del sentido de respeto hacia las víctimas y los heridos. Hemos visto reacciones que no corresponden a la dimensión humana del desastre, especialmente cuando se trata de personas con toda una vida por delante. Eso no nos honra como sociedad; nos desnuda.
Pretender reducir este hecho únicamente al castigo de los hermanos Espaillat es simplificar una realidad mucho más compleja. Aquí también hay responsabilidades claras de quienes tenían a su cargo el adecuado mantenimiento, supervisión y condiciones de seguridad del lugar. La negligencia, en estos casos, no es un accidente: es una cadena de omisiones.
Y mientras discutimos culpables, lo esencial sigue sin resolverse:
aún no existe un expediente sólido orientado no solo a sancionar, sino a indemnizar.
Porque la cárcel no devuelve vidas.
Pero la indemnización sí puede devolver dignidad.
Hay niños que han quedado huérfanos.
Hay personas con daños físicos permanentes.
Hay familias destruidas que necesitan respuestas concretas, no discursos.
El país les ha fallado a los fallecidos y a los sobrevivientes.
Y la verdad es incómoda:
no solo una familia debe rendir cuentas.
Todos aquellos responsables del mantenimiento, la supervisión y la seguridad deben estar en el banquillo de los responsables por su negligencia.
No por venganza.
Sino por justicia.
Y sobre todo, por reparación.
Si esta tragedia no nos obliga a corregir el rumbo, entonces no habremos aprendido nada.
