OPINIÓN, PATRICIA SÁNCHEZ DEL CASTILLO.- Durante las últimas décadas, República Dominicana ha mostrado un crecimiento económico notable, impulsado principalmente por el turismo y la inversión extranjera directa (IED). Hoteles, resorts, zonas francas y megaproyectos inmobiliarios han convertido al país en un destino atractivo para visitantes e inversionistas. Sin embargo, este modelo concentrado en dos motores externos ha generado una vulnerabilidad estructural que se hizo evidente en este año 2025.

Dependencia del turismo: ingresos altos, riesgos elevados

El turismo representa más del 15% del PIB (Producto Interno Bruto) y cerca del 20% del empleo formal. Aunque genera divisas y dinamismo, también expone al país a riesgos, entre ellos:

  • Crisis externas: la pasada pandemia demostró que una caída en viajes internacionales paraliza ingresos y empleos.
  • Modelo “sol y playa”: la oferta se concentra en costas y resorts, con fuerte presión ambiental.
  • Empleos temporales y baja productividad: gran parte de los puestos son informales o de baja remuneración, y mano de obra extranjera como es de conocerse, limitando la consolidación de una clase media dominicana sólida.

Inversión extranjera: motor dinámico, pero frágil

La IED según datos supera los 4,000 millones de dólares anuales, principalmente en turismo, bienes raíces y zonas francas. Sin embargo:

  • Ganancias repatriadas: gran parte de los beneficios se van al exterior.
  • Decisiones externas: cierres o traslados de multinacionales afectan directamente nuestra economía local.
  • Exenciones fiscales:nuestros  incentivos amplios reducen los ingresos públicos para educación, salud e innovación.

El verdadero problema: falta de diversificación

La economía dominicana necesita fortalecer sectores con valor agregado y autonomía productiva. Hoy, la agricultura sigue muy poco tecnificada, la industria nacional débil y la inversión en ciencia y tecnología rezagada. La energía, aparte de ser una de las más caras de la región, además, depende de combustibles importados, encareciendo la producción.

Riesgos sociales y políticos

La concentración de riqueza en zonas turísticas, manejadas por los mismos grupos y empresarios, desde hace más de 60 años, y ahora con inversión extranjera, genera desigualdad territorial, encarece la tierra costera y aumenta la vulnerabilidad política frente a intereses corporativos externos.

Hacia un nuevo rumbo: sectores con potencial

Para reducir la dependencia y construir resiliencia, el país podría apostar por:

  • Turismo sostenible y diversificado: ecoturismo, cultural y comunitario.
  • Agricultura tecnificada y resiliente: cacao premium, agroindustria, productos orgánicos.
  • Industrias creativas y culturales: música, cine, gastronomía con identidad dominicana.
  • Tecnología y servicios digitales: software, servicios remotos, startups.
  • Energías renovables: solar y eólica para independencia energética.
  • Manufactura con integración local: cadenas de proveedores dominicanos en zonas francas.

Conclusión: resiliencia como verdadera fortaleza

República Dominicana tiene recursos naturales, población joven y ubicación privilegiada. Pero depender principalmente del turismo y la IED es un riesgo enorme en un mundo de crisis recurrentes.

La verdadera fortaleza económica no se mide solo por crecer, sino por resistir y adaptarse. Diversificar no es un lujo: es una necesidad para garantizar que el desarrollo se traduzca en bienestar sostenible para todas las generaciones futuras dominicanas.