OPINIÓN, ANDRÉS A AYBAR BÁEZ, PARA 7 SEGUNDOS.- Si yo fuera presidente por diez minutos, no hablaría de promesas ni de planes lejanos. Usaría cada segundo para tomar decisiones firmes y definitivas para resolver el tránsito.

Le pediría a Dios solo cinco minutos de autoridad y claridad para firmar las resoluciones y las inversiones viales heroicas —aunque impopulares— que el país necesita.

Porque pretender desarrollar una nación donde ir de Gazcue al puente Duarte toma una hora y cuarenta y cinco minutos es soñar despiertos. Así no se crece, así se estanca un país.

Si esos diez minutos devolvieran el tiempo, la productividad y la dignidad a los ciudadanos, serían suficientes para ser recordados toda la vida.