El teórico neerlandés de los medios de comunicación Geert Lovink, profesor en la Universidad de Ciencias Aplicadas de Ámsterdam (AUAS) y profesor honorario de la Universidad de Ámsterdam (UVA), sostiene que Internet podría llegar a desaparecer en el futuro debido al agotamiento de los usuarios y al dominio de las grandes corporaciones tecnológicas.
En su ensayo Extinction Internet (Extinción de Internet), publicado en 2022, Lovink plantea que las desventajas de estar conectados superarán los beneficios, lo que llevará a las personas a desconectarse de manera progresiva. Según el académico, la Red ha dejado de ser un espacio libre para convertirse en un entorno controlado, donde la vigilancia, la manipulación de datos y la desinformación dominan la interacción digital.
“El fenómeno que describo en Extinction Internet sigue vigente. Internet, como espacio de comunicación abierta, es cosa del pasado”, afirmó Lovink en una entrevista con EFE. El experto explica que las grandes compañías tecnológicas ejercen una presión cada vez mayor sobre los usuarios, imponiendo sus normas y visiones políticas.
Lovink también abordará este tema en su próximo libro, Platform Brutality (Brutalidad de Plataforma), que se publicará en español en 2026. En él analiza cómo las plataformas digitales fomentan comportamientos tóxicos y adictivos, y cómo los usuarios, sin darse cuenta, reproducen dinámicas de violencia y control. “Internet se usa para atacar a otros, difundir noticias falsas y promover ideologías extremas”, advierte.
El teórico neerlandés es fundador del Institute of Network Cultures, dedicado a estudiar el impacto social, económico y cultural de los medios digitales. Además, participó en la creación de The Digital City, una de las primeras plataformas ciudadanas de Internet, concebida como una red descentralizada y libre. Sin embargo, reconoce que aquel ideal se perdió. “Internet está en manos de grandes tecnológicas que solo buscan beneficios, sin importarles los derechos individuales ni la sociedad”, lamenta.
Lovink sostiene que la Red atraviesa un punto de “no retorno”. A su juicio, las consecuencias negativas del ecosistema digital —como la pérdida de privacidad, la vigilancia masiva y la adicción tecnológica— ya afectan de manera directa la salud mental y el comportamiento humano. “Nuestra memoria a corto plazo empeora, nuestra atención se fragmenta y estamos siendo controlados cada vez más”, alerta.
El académico asegura que el control digital se intensifica. “En China, quien tiene una opinión incorrecta no puede subir a un tren. En Estados Unidos, se exige compartir los perfiles de redes sociales para obtener un visado. En Europa, la actividad en línea es tan rastreable que podría condicionar hipotecas o seguros”, ejemplifica.
Lovink predice que, frente a este control sofisticado, muchas personas acabarán rechazando la tecnología. “La gente empezará a desconectarse, cansada de la vigilancia y la manipulación”. En su visión, factores como la crisis climática o la escasez energética también podrían provocar una “desconexión forzada”, con regiones del mundo sin acceso a Internet.
“El futuro podría parecer inconcebible sin conexión, pero debemos aceptar que podría suceder”, concluye Lovink. “Si llegamos a ese punto, podríamos liberarnos de las garras de la Red y construir estructuras tecnológicas más humanas y sostenibles”.
