Los panelistas del programa «7 SEGUNDOS», Jabes Ramírez, Patricia Sánchez y Samir Castillo, analizaron la creciente popularidad del presidente de El Salvador, Nayib Bukele, y las críticas que ha recibido por supuestos rasgos autoritarios. El debate se centró en sus polémicas decisiones, como la modificación de la Constitución para permitir la reelección, y su controvertida estrategia para combatir a las Maras.

Durante el segmento, Jabes Ramírez afirmó que la Constitución, aunque debería obedecer a la sociedad, a veces es readecuada por los políticos. En una declaración que generó polémica, Ramírez recordó un comentario anterior sobre la lucha de Bukele contra las pandillas: «Cuando ese señor llegó a El Salvador y comenzó a hacer su periplo con las Maras, yo hice un comentario y la gente no lo entendió. Yo dije que, honestamente, yo los mato a todos», asumiendo la postura del presidente salvadoreño.

Sobre las Maras

Ramírez profundizó en el contexto de las Maras, describiéndolas como una estructura que opera por encima del Estado en varios países de Latinoamérica, y señaló que el narcotráfico constituye un ecosistema social y económico complejo. «Yo decía que él tiene que acabar con ellos porque un líder en ese contexto dijo que iba a salir cuando él no esté ahí o cuando las circunstancias permitan que él no sea presidente, que él era capaz de armarle una revuelta civil. En pocas palabras, quitarle la vida a la gente de manera masiva», explicó.

El comentarista sostuvo que la sociología particular de El Salvador hacía previsible la aparición de una figura como Bukele. «Cuando pasó el segundo mandato, que lo vi más asesorado a nivel de imagen, yo dije: ‘Ese señor no lo saca nadie del poder a nivel político'», afirmó Ramírez, aunque reconoció que a nivel de gestión, Bukele «ha sido el mejor presidente que tiene El Salvador» hasta el momento.

A pesar de su éxito, Ramírez advirtió sobre el peligro que Bukele representa para el país. Si bien El Salvador necesitaba una figura fuerte, Bukele se perfilaba como el líder que instauraría una política distinta, actuando como un «manager» político para estabilizar el país. Sin embargo, su enfoque autoritario ha generado inquietud entre sus críticos. La modificación constitucional y las medidas de mano dura, aunque celebradas por muchos, son vistas por otros como un riesgo para la democracia salvadoreña a largo plazo.

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