El desierto de Atacama, ubicado en Chile, exhibe su belleza natural y paisajes impresionantes para la observación de estrellas, pero alberga un problema oculto a simple vista: una gigantesca montaña de ropa desechada, que se ha convertido en el basurero textil más grande de Latinoamérica.

Según las últimas cifras de Naciones Unidas, Chile es el tercer importador mundial de ropa de segunda mano llegando a crear hasta más de 60 mil toneladas de este tipo de prendas que terminan como desechos ilegales en el desierto de Atacama, llegando a ser visible incluso desde el espacio.

También puedes leer: Tras cinco años de ausencia desfile de Victoria’s Secret regresa en otoño

Bajo este contexto Desierto Vestido junto a Fashion Revolution Brazil y Artplan, una agencia de publicidad brasileña, crean la innovadora idea de realizar un desfile de moda en medio de la basura y así concienciar sobre la realidad que viven, e ilustrar lo que se puede hacer con los desechos.

“Este país está siendo utilizado como una zona de sacrificio del mundo, donde se recolecta basura de muchos países del mundo y termina en el municipio de Alto Hospicio”, afirma Ángela Astudillo, cofundadora de Desierto Vestido, concluye que su país se ha convertido en uno de los más contaminados del mundo.

«Es muy doloroso porque esto viene sucediendo desde hace mucho tiempo y la gente que vive aquí no tiene nada que hacer porque nos pone en riesgo. Lo único que podemos hacer es denunciar lo que está pasando aquí”, sentencia Astudillo.

Atacama Fashion Week

Maya Ramos, una estilista y artista visual de São Paulo, diseñó una colección para ocho modelos chilenos en el desfile de abril, llamado Atacama Fashion Week 2024, utilizando desechos textiles provenientes de países como Estados Unidos, China, Corea del Sur y el Reino Unido incluyendo marcas como Zara, H&M, Calvin Klein, Levi’s, Wrangler, Nike y Adidas.

Todas estas marcas utilizan mayormente de poliéster, un tejido a base de plástico que tarda hasta 200 años en descomponerse y cuando se incinera, libera humos tóxico que dañan el suelo, la capa de ozono y la salud de la población local.

Aunque el Estado ha implementado medidas como multas, saciones, leyes y control sobre las zonas habitadas; la basura continua sin cesar y lo residuos siguen creciendo.