“Se están yendo voluntariamente”, comentó un residente del sector a un medio de comunicación, un vendedor callejero de mercancía usada, sobre la ausencia de haitianos en el “Pequeño Haití”, una zona donde, por muchos años, ha reinado el comercio de alimentos, las flores y utensilios religiosos, pero marcada por el caos urbano, la basura amontonada en las calles y el irrespeto a los espacios públicos.

Al igual que otros comerciantes y lugareños dominicanos han notado una escasa presencia de haitianos en la zona, situada en el sector San Carlos, en la calle Benito Juárez, del Distrito Nacional.

“Veo pocos en realidad”, dijo, otro de los tantos vendedores informales que ha visto al “Pequeño Haití” como una fuente de hacer dinero mediante la comercialización de productos o artículos de segunda mano.

La situación, según residentes, se ha dado tras el cierre de frontera que dispuso hace seis días el presidente Luis Abinader, como una de las medidas de seguridad nacional por la construcción de un canal de riego que pretende desviar aguas del río Masacre, del lado de Haití, y por la inseguridad que vive ese país a raíz de las bandas criminales.

Los haitianos que aún permanece allí sobreviven de diferentes maneras: venden flores, productos de belleza y comida chatarra, así como frutas y vegetales, mientras conducen triciclos improvisados.

Residente haitiano

“Conozco muchos (compatriotas) que se fueron voluntariamente (en el Pequeño Haití)”, contó Bertrand, de estilo “rasta”, con trenzas cortas, de color negro y barba tupida.

Sobre la situación diplomática que enfrentan República Dominicana y Haití, Bertrand manifestó que espera una “unión” entre ambos países, ya que “no se puede estar con problemas”.