OPINIÓN, ANDRÉS A. AYBAR BÁEZ, para 7 SEGUNDOS.- El Santo Domingo Country Club (SDCC) no es simplemente un club social: es un ícono vivo de la vida dominicana, un escenario donde se han tejido las más entrañables historias familiares y amistades que han resistido el paso del tiempo. Fundado con una visión de excelencia, ha sido durante décadas el punto de encuentro de generaciones que comparten no solo un espacio, sino una forma de vivir la elegancia, el deporte y la camaradería.
A lo largo de su historia, el SDCC ha sabido adaptarse a las nuevas tendencias sin renunciar a su esencia. Tras la “guerra de los bancos hipotecarios”, en la que parte de sus terrenos —símbolo de su expansión futura— fueron vendidos, surgió una de sus mayores fortalezas: la creación del Comité de Pasados Presidentes, guardianes del legado institucional. Y hoy, con visión de continuidad, sus hijos han tomado la posta, garantizando que las tradiciones familiares, los valores y el espíritu de comunidad permanezcan intactos. Es la herencia viva de una élite comprometida con su club.
En sus canchas, pistas y salones se respira un ambiente único. El tenis —ahora acompañado por la fiebre del pádel—, el golf de alto nivel, las competencias de natación, y los veranos llenos de actividades para niños y jóvenes, marcan el pulso de una vida activa. A esto se suman fiestas legendarias, bodas que parecen sacadas de revistas, y encuentros sociales donde la elegancia y la calidez dominicana se dan la mano.
El SDCC brilla por su mantenimiento impecable, piscinas de diseño exótico, gastronomía de primera a precios competitivos y sin ITBIS, y un ambiente que logra lo que pocos: combinar la tradición con la modernidad sin perder su carácter exclusivo.
Más que un lugar, es una comunidad vibrante, un crisol donde se forjan amistades eternas y se transmiten valores que trascienden generaciones. Es el club más emblemático de la sociedad dominicana y, para quienes lo disfrutan y lo cuidan, un orgullo que se lleva con la frente en alto.
Porque pertenecer al Santo Domingo Country Club no es solo acceder a sus instalaciones: es un privilegio y una distinción reservada para quienes forman parte de su historia, defienden sus valores y viven su elegancia cada día.
