SANTO DOMINGO. – A raíz de los trágicos acontecimientos que han sacudido al país en las últimas semanas, distintos especialistas han comenzado a levantar la voz para advertir que más allá de las estadísticas y los titulares, República Dominicana enfrenta una crisis profunda de salud mental, estructura familiar y valores sociales.

Psicólogos y comunicadores coinciden en que lo que hoy se ve en las calles —violencia, intolerancia, actos impulsivos y conductas extremas— no son simples hechos aislados, sino síntomas de una sociedad desbordada emocionalmente, que necesita ser atendida desde la raíz.

La salud mental sigue siendo el gran tema pendiente en nuestro país. Se habla mucho de seguridad, de economía, pero muy poco de las emociones, de lo que pasa por dentro en nuestra gente y cuando los problemas no se atienden, crecen.

Uno de los elementos clave es la descomposición del núcleo familiar, donde muchos niños y adolescentes están creciendo sin supervisión adecuada, expuestos desde temprano a contenidos violentos, redes sociales sin control y, en algunos casos, al consumo de sustancias. Esto, sumado a la falta de herramientas emocionales y comunicación en el hogar, genera un entorno fértil para la aparición de comportamientos disruptivos.

Más allá de políticas punitivas o reactivas

Se debe trabajar en la prevención, fortaleciendo las familias, capacitando a padres y madres, y creando instituciones que acompañen el proceso.

En ese sentido, ha resurgido con fuerza la propuesta de crear un Ministerio de la Familia, una entidad que pueda trabajar de manera integral el desarrollo del entorno familiar y prevenir conductas violentas desde la infancia. “Si no cuidamos el hogar, no podemos esperar que la sociedad esté sana”, advierten.

La situación plantea un llamado de atención al Estado, a las escuelas, a los medios de comunicación y a la ciudadanía en general. Como han expresado varios analistas: “No es solo un problema psicológico, es también un problema social, educativo y cultural”.

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