La contaminación en las costas de Santo Domingo se ha convertido en un tema de suma preocupación para autoridades y ciudadanos, ya que los residuos y plásticos continúan afectando la calidad de las aguas y la salud de los ecosistemas marinos. Este fenómeno, que no solo impacta la belleza natural de las playas, sino que también representa un grave riesgo para la vida marina y la salud pública, requiere atención urgente y medidas efectivas.

Situación actual

Recientes estudios han revelado que las costas de Santo Domingo están entre las más contaminadas del Caribe, con altos niveles de desechos plásticos que se acumulan en la arena y en el agua. Según informes del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, se estima que más de 1,500 toneladas de residuos plásticos son vertidas en el mar cada año, afectando no solo a la flora y fauna local, sino también a la industria turística, vital para la economía del país.

Los plásticos, que pueden tardar siglos en descomponerse, se han convertido en un símbolo de la crisis ambiental. Elementos como botellas, bolsas y envases de alimentos son comúnmente encontrados en las playas y áreas costeras, creando un paisaje desolador y potencialmente dañino para la vida marina.

Iniciativas y respuestas

Ante esta crisis, varias organizaciones no gubernamentales y grupos comunitarios han iniciado campañas de limpieza en las playas de Santo Domingo, convocando a voluntarios para recoger residuos y concienciar sobre la importancia de mantener limpias las costas. Sin embargo, estas iniciativas, aunque loables, no son suficientes por sí solas.

El ambientalista Nelson Bautista afirma que quien quiera seguir contaminando el medio ambiente utilizando materias de plásticos no recuperables tiene que pagar el precio.

«No es posible que sea tan ‘barato’ el que a ti te sirvan un alimento en un envase de fon ‘barato’ porque es económico en principio para el productor, para el comerciante y hasta para el consumidor. A la larga, eso termina en un costo adicional a la municipalidad, a la higiene, a la salud, a la imagen del país y a la economía en sentido general».

«Entonces, si eso tuviera un precio, si cada pieza de plástico que sale a la calle tuviera un costo, tuviera un valor en dinero, que si alguien lo recupera se lo devuelvan, tú puedes estar seguro que no habría un plástico en la calle. Si cuando tú vas al supermercado te dijeran: si quieres esa bolsa te cuesta un peso dominicano, muchas personas en vez de decirme ‘dame cinco bolsas más’ tomarían una, dos o tres bolsas de menos, porque si la bolsa costara un peso y está en la calle, alguien la recuperará para que le den un peso», afirmó.

¿De qué depende la mejora del medio ambiente?

El ambientalista asegura que cuidar el medio ambiente es un tema de cómo aprende el dominicano. «El dominicano aprende por el bolsillo o por el régimen de consecuencias; si le cuesta más, el dominicano lo piensa; si le cuesta una penalidad o un castigo, también lo piensa».

Para el ambientalista, el «FON» debe ser declarado el enemigo público número uno del medio ambiente en el país.

«Para muestra un botón, usted puede caminar por la calle que usted quiera, ríos y playas, y ahí se encontrará el fon como protagonista. Aquí se encuentra más fácil el fon que cualquier otra sustancia natural en un ambiente que tú escojas».

Necesidad de una acción conjunta

La contaminación costera requiere un enfoque multifacético que involucre tanto a las autoridades como a la ciudadanía.

Bautista sugiere el cobro de los envases desechables como posibles soluciones para preservar el medio ambiente. Y pregunta, «¿Cuántas personas estaríamos dispuestos a que si vas a comprar un pica pollo y te dicen: por 10 pesos más yo te lo doy en un envase reciclable, yo estoy seguro que de entrada muchas personas lo empezarían a tomar?»

La contaminación de las costas de Santo Domingo por residuos y plásticos es un desafío significativo que demanda una respuesta colectiva. Con la combinación de políticas gubernamentales efectivas, el compromiso de la comunidad y la educación ambiental, es posible revertir esta tendencia y proteger tanto el entorno marino como la calidad de vida de los ciudadanos. La belleza natural de las playas de Santo Domingo y la salud de sus ecosistemas dependen de la acción que tomemos hoy.