Durante una entrevista para el espacio el Comentario de 7 SEGUNDOS, la psicóloga Heidy Camilo advirtió que la humanización excesiva de mascotas, una tendencia creciente en las llamadas «neofamilias», se acerca a un «estado de locura» y constituye una forma de maltrato animal.
La especialista abordó cómo la decisión de reemplazar hijos por mascotas en el núcleo familiar, si bien es una elección, a menudo cruza la línea del afecto saludable para convertirse en una dinámica disfuncional y perjudicial. Esta además fue contundente al describir la intensidad de la vinculación que desarrollan algunos dueños, especialmente aquellos que asumen la «parentalidad perruna» para llenar un vacío o evitar compromisos humanos.
«Estas personas que adoptan estos perros es casi un estado de locura lo que asumen con estos perros, donde los humanizan tanto que se convierten en maltratadores de esta mascota», afirmó Camilo.
Este «maltrato» surge de la negación de la naturaleza del animal. El perro o el gato, al ser obligado a vivir bajo códigos y rutinas humanas, sufre. Se le priva de su necesidad de pertenecer a su propia especie y de manifestar comportamientos instintivos, lo que puede derivar en ansiedad, frustración y trastornos de conducta.
Humanizar por carencia, no por amor
Camilo enfatizó que el problema de la humanización extrema de las mascotas no radica tanto en el animal, sino en la psicología del dueño. Al tratar a la mascota como un «hijo» e intentar llenar un vacío emocional, la relación puede volverse muy intensa, ya que resulta menos demandante que el vínculo con un ser humano, quien cuestiona, exige o incluso se aleja.
La preocupación por el animal puede llegar a convertirse en una forma de idolatría, al punto de que la mascota termina condicionando el destino de la familia, por ejemplo, limitando los viajes o las actividades sociales.
La especialista también advirtió que la decisión de no tener hijos debe basarse en razones auténticas, y no en «dolores o deudas emocionales». De lo contrario, las mascotas acaban cargando con responsabilidades psicológicas que no les corresponden.
La solución, según Camilo, es simple pero crucial: «Los perros y los gatos no son seres humanos.»
«Asumir que son mis hijos y humanizarlos habla más de mi carencia que de mi amor por ellos», indicó la especialista, llamando a una tenencia responsable que respete los límites y la naturaleza biológica de cada especie.
