Mientras República Dominicana cuenta con más de 10,600 escuelas, apenas una pequeña parte de estos planteles ha sido sometida a evaluaciones de vulnerabilidad sísmica por parte de la Oficina Nacional de Evaluación Sísmica y Vulnerabilidad de Infraestructura y Edificaciones (Onesvie).
Los diagnósticos realizados a 60 centros educativos, que comprenden 182 edificaciones, revelaron que todos presentaban algún tipo de patología estructural o no estructural. Las inspecciones fueron realizadas entre 2006 y 2023 y abarcaron planteles ubicados en 11 provincias.
Los hallazgos incluyen desde filtraciones, grietas y desprendimientos hasta asentamientos diferenciales, deficiencias constructivas e irregularidades que podrían influir en el comportamiento de las edificaciones ante un terremoto.
El dato que genera mayor preocupación aparece al analizar los centros sometidos a una evaluación sísmica de primer nivel. De 18 escuelas evaluadas mediante la metodología FEMA P-154, 16 obtuvieron una puntuación inferior a 2, umbral utilizado para determinar cuáles edificaciones necesitan ser sometidas a estudios estructurales más profundos.
Esto no significa que esas escuelas estén destinadas a colapsar, sino que los resultados indican que requieren una evaluación especializada para conocer con mayor precisión su capacidad estructural y establecer qué medidas deben adoptarse.
Dos casos con atención prioritaria
Dentro de los diagnósticos existen dos casos que Onesvie coloca entre los de mayor atención.
Uno corresponde a la Escuela José Antonio Guzmán Fabián, en Jarabacoa, donde el organismo recomienda demoler y reconstruir uno de sus bloques, debido a las condiciones de deterioro y vulnerabilidad identificadas.
El plantel se encuentra en una zona relacionada con los sistemas de fallas San Juan-Restauración, Los Pozos-San Juan y Guazara, de acuerdo con el registro técnico.
El segundo caso es la Escuela Federico García Godoy, en La Vega, donde se realizó un análisis estructural mediante modelación en ETABS. El estudio confirmó sobreesfuerzos en columnas y muros de mampostería, por lo que se planteó una intervención que contempla el reforzamiento mediante muros de hormigón armado.
Columnas cortas, juntas y asentamientos
Los informes muestran que algunas de las condiciones detectadas no son simples problemas de mantenimiento.
Entre los elementos señalados aparecen las columnas cortas, una configuración que puede concentrar fuerzas en determinados puntos de una estructura durante un terremoto. También se identificaron problemas en las juntas que separan diferentes bloques de algunos edificios, incluyendo casos en los que estas estructuras estaban obstruidas, deterioradas o no existían.
A esto se agregan irregularidades en la distribución de las edificaciones, fisuras en muros, asentamientos diferenciales y problemas de torsión, condiciones que deben ser analizadas para determinar cómo responderían los planteles ante movimientos sísmicos.
Una escuela con 12 patologías
Uno de los diagnósticos más recientes corresponde a la Escuela de Educación Básica María Auxiliadora de la Loma de Chivo, en el Distrito Nacional.
La edificación, construida en 1994, tiene tres niveles y una superficie de 1,226.64 metros cuadrados. En la evaluación visual realizada el 10 de febrero de 2026 fueron identificadas 12 irregularidades y patologías.
Entre ellas figuran columnas cortas, filtraciones, problemas en juntas de construcción, desprendimiento de pañete, asentamientos diferenciales, una grieta en un muro perimetral y en una columna de amarre, además de irregularidades asociadas a esquina reentrante y torsión.
El centro obtuvo una puntuación de 0.3 en la metodología FEMA P-154, por debajo del nivel de referencia de 2. Por esta razón, Onesvie recomendó una evaluación estructural detallada y un estudio geotécnico del terreno.
Dependiendo de los resultados, podrían ser necesarias medidas como reforzamiento estructural, estabilización del suelo o técnicas de recalce.
La lista se extiende por varias provincias
Los casos no se concentran exclusivamente en Santo Domingo. El registro incluye centros educativos de Barahona, La Vega, Puerto Plata, Monte Cristi y otras demarcaciones.
Entre las escuelas que aparecen con recomendación de evaluación estructural detallada figuran Club de Leones y El Tanque, en Barahona; Don Pepe Álvarez, El Carmen, Las Cabuyas, Ramón del Orbe, Rancho Viejo y Sabaneta, en La Vega; así como Isabel Meyreles, Juana Caraballo y San Marco Abajo, en Puerto Plata.
También aparecen Leonor Feltz y Virgilio Peláez, en Barahona; Rosa Smester, en Monte Cristi; y María Concepción Gómez Matos, en Puerto Plata.
Sin embargo, los resultados no fueron iguales para todos los centros. La Escuela San Juan Bosco, en Barahona, figura como el único de los planteles sometidos a la Evaluación de Primer Nivel que, según el registro, no requirió una evaluación adicional.
El dato abre otra pregunta
Los diagnósticos permiten identificar riesgos, pero también muestran una realidad; 60 centros evaluados representan una fracción muy pequeña frente a las 10,648 escuelas existentes en el país.
Eso significa que los resultados de Onesvie no permiten afirmar que el resto de los planteles estén libres de vulnerabilidades, sino únicamente conocer las condiciones encontradas en las edificaciones que fueron inspeccionadas.
La situación adquiere especial relevancia en un país atravesado por sistemas de fallas sísmicas y donde un terremoto de gran magnitud podría afectar simultáneamente numerosas infraestructuras.
Onesvie tiene la responsabilidad de evaluar y emitir recomendaciones técnicas, pero el organismo no ejecuta ni supervisa las obras que posteriormente puedan ser necesarias.
Por eso, detrás de cada diagnóstico queda una segunda interrogante: ¿qué ocurre después de que los técnicos identifican una escuela vulnerable?
Porque detectar una grieta, un asentamiento o un problema estructural es apenas el primer paso. El verdadero desafío está en convertir esas advertencias técnicas en reforzamientos, reconstrucciones y medidas concretas de prevención antes de que ocurra un terremoto.
