OPINIÓN, ANDRÉS AYBAR BÁEZ, para 7 SEGUNDOS.- Con sorpresa, leí en el Listín Diario que se está impulsando la contratación de personas mayores de 45 años, como si se tratara de un gesto social admirable. ¿En qué momento comenzamos a considerar que alguien a esa edad es “obsoleto” para el mercado laboral? ¿Qué clase de economía moderna puede darse el lujo de descartar, precisamente cuando están en su punto más maduro, a profesionales con experiencia, disciplina y criterio?
Vivimos en una época de paradojas. La medicina moderna, los avances en infraestructura sanitaria, la mejora de la esperanza de vida y la conciencia sobre salud física y mental, han extendido la vida útil de las personas. Ya no es raro ver adultos activos y productivos en sus 60, 70 y hasta más. Sin embargo, el mercado laboral pareciera ir en sentido contrario: jubilaciones anticipadas, techos etarios en los procesos de reclutamiento, y una creciente visión de que pasados los 40 o 45, el trabajador debe “dar paso” a generaciones más jóvenes, como si se tratara de un relevo obligatorio.
A esto se suma una juventud que, aunque talentosa, muchas veces no está dispuesta a integrarse en esquemas laborales tradicionales. Se cuestiona la jornada de 8 a 5, se prefiere el trabajo híbrido, se busca flexibilidad, y se prioriza la calidad de vida por encima de la permanencia laboral. En sí, no es una crítica sino una señal de transformación: los modelos de trabajo están cambiando. Pero esto exige un replanteamiento serio, porque si los jóvenes no quieren trabajar bajo esquemas rígidos y a los mayores se les considera “pasados de edad”, ¿quién quedará en el centro del sistema productivo?
La República Dominicana no puede desatender este fenómeno. Requiere una política laboral integral que fomente:
1. La inclusión activa de profesionales mayores de 45 años, aprovechando su experiencia como valor agregado.
2. El rediseño de estructuras laborales flexibles, pero responsables, que reconozcan el valor del trabajo presencial y el virtual sin sacrificar productividad.
3. Programas continuos de actualización y reconversión profesional, para que la edad no sea una barrera ante la evolución tecnológica.
Necesitamos transitar hacia una fuerza laboral cohesionada, multigeneracional y adaptable, donde la experiencia y la innovación se complementen y no se excluyan. No podemos seguir envejeciendo como sociedad y a la vez empujando hacia los márgenes a quienes tienen más que ofrecer.
Si no enfrentamos esta realidad con cabeza fría y visión de futuro, estaremos alimentando un sistema que desperdicia el talento, desincentiva el esfuerzo y fractura la cohesión social que tanto necesitamos.
