Doña Marta, de 39 años, reside en una casa de tres habitaciones con sus 19 hijos y está a la espera de otro. La convivencia se vuelve problemática, pero ella ve la maternidad como un «negocio» ya que recibe ayuda del Gobierno por cada hijo.
Por los mayores, recibe entre 300,000 y 320,000 pesos, y por los más pequeños, un bono de alrededor de 120,000 pesos. Aunque le resulta difícil cuidar de todos, considera que las ayudas gubernamentales y la ayuda ocasional de los vecinos le permiten sobrellevar la situación.
A pesar de la falta de tiempo para realizar las tareas del hogar, sigue quedando embarazada, ya que ve en la maternidad una fuente de ingresos y no tiene intenciones de detenerse. Su casa es pequeña, con limitados espacios para los niños.
Aunque reconoce las dificultades, no tiene intenciones de cambiar su situación y planea continuar teniendo hijos mientras su cuerpo lo permita. Su casa es pequeña y la falta de privacidad y espacio es evidente.
La alimentación es variable según la disponibilidad de dinero, a veces prepara sancochos y frijoles, pero en ocasiones los recursos son limitados y comen menos. Aunque envía a sus hijos a la escuela con la ayuda del Gobierno, no considera la educación como una prioridad y algunos de sus hijos mayores ya trabajan para contribuir al hogar. Su enfoque está en seguir teniendo hijos y organizarse para disfrutar de la vida.
