La decisión de convocar a la oscarizada actriz para interpretar al majestuoso león de C.S. Lewis encendió el debate entre críticos evangélicos, quienes cuestionan la alteración de la emblemática figura alegórica de Jesucristo.
La nueva y esperada adaptación cinematográfica de Las crónicas de Narnia, dirigida por Greta Gerwig, suma su primer gran hito de producción y, con él, una intensa conversación cultural. La destacada actriz Meryl Streep prestará su voz a Aslan, el mítico león de la obra fantástica de C.S. Lewis, en la entrega El sobrino del mago, reencontrándose así con la cineasta tras su colaboración en Mujercitas.
Gerwig explicó a la revista Empire los motivos detrás de la elección, destacando que buscaba un registro vocal capaz de transmitir profundidad, emoción y alegría sin caer en la solemnidad tradicional.
«Quería a alguien mayor de 70 años, con la sabiduría que da la experiencia, pero también con la capacidad de asombro infantil. Y, además, que fuera uno de los mejores actores de todos los tiempos. La lista no es muy larga», declaró la directora.
A pesar de que el público aún no ha visto el primer fotograma del filme —cuya ambientación fue trasladada por la directora desde principios del siglo XX hasta la década de 1950—, el anuncio del reparto desencadenó un inmediato rechazo entre comentaristas y sectores cristianos conservadores.

La principal inquietud radica en la carga simbólica del personaje: en la obra original de Lewis, Aslan es un león macho de majestuosa melena que actúa como una representación alegórica de Jesucristo. Para diversos analistas evangélicos, la selección de una voz femenina rompe con la naturaleza teológica del relato, al señalar que tanto la Biblia como los credos históricos identifican a la divinidad en términos masculinos de Padre e Hijo.
Las críticas aumentaron tras la difusión de una imagen promocional donde el personaje aparece con bigotes teñidos con los colores del arcoíris, lo que provocó señalamientos sobre una supuesta reinterpretación del personaje.
«Esta es una táctica bien conocida de los enemigos de Dios: subvertir y destruir los símbolos del cristianismo en un intento por ganar una guerra de desgaste por el corazón de la cultura», sostuvo el columnista Seth Udinsky en el portal Christian Post, donde calificó la medida como un intento de transformar la identidad del emblemático león.
