OPINIÓN, ANDRÉS A. AYBAR BÁEZ para 7 Segundos Multimedia.- La noticia del fallecimiento de Don Guillermo Caram me ha llenado de profundo pesar. La familia Caram es también parte de la nuestra, pues mi sobrino está casado con una de sus sobrinas, lo que nos unió aún más en el ámbito familiar. Hoy quiero rendir homenaje a su memoria como economista, político, hombre de principios y, sobre todo, como ser humano cercano y afectuoso.

Tuve el privilegio de conocerlo de primera mano durante uno de los momentos más complejos de la vida económica de la República Dominicana: la crisis bancaria de los años noventa. Como gobernador del Banco Central, Don Guillermo se enfrentó a la difícil tarea de cerrar una significativa cantidad de instituciones financieras que ya no podían sostenerse. Lo hizo con firmeza, con sentido de responsabilidad y con un temple que marcó la diferencia. Fui testigo directo de esas decisiones, que exigieron carácter, claridad de juicio y, sobre todo, un compromiso inquebrantable con la estabilidad del país.

Guardo en mi memoria un episodio muy personal de aquellos tiempos. Recién llegado yo al Banco Mercantil, asistí a una reunión en medio de la crisis. Don Guillermo, sin conocerme en profundidad aún, me miró y me dijo: “Aybar, cuídame mi banco.” Aquella frase, sencilla en apariencia, tuvo un enorme significado. Para mí fue un bautizo de fuego en el mundo financiero: de inmediato, todos los banqueros con problemas de liquidez comenzaron a acercárseme en busca de apoyo y reuniones. Años más tarde, ya con más confianza, le pregunté por qué me había dicho aquello. Su respuesta fue clara: con ese gesto enviaba una señal al sistema de que la institución que yo representaba contaba con la confianza necesaria para seguir operando. Ese mensaje ayudó a estabilizar el clima de incertidumbre de entonces y fue una muestra de la visión estratégica y de la inteligencia práctica con la que Don Guillermo supo manejar esos tiempos tan difíciles.

Después, en el ámbito familiar, solíamos rememorar esos momentos. Él evocaba con serenidad cómo, a pesar de la presión y las circunstancias, pudo mantener la firmeza de criterio y la transparencia en la toma de decisiones. Esa combinación de destreza técnica y honestidad lo convirtió en un referente indiscutible de nuestra historia económica reciente.

Pero Don Guillermo no fue solo un servidor público ejemplar. Fue un hombre profundamente familiar, un gran dominicano que entendía que los valores de integridad, coherencia y responsabilidad debían guiar tanto la vida profesional como la personal. Su legado trasciende la economía y la política: nos deja la enseñanza de que se puede ejercer la autoridad con respeto, el poder con decencia y la técnica con humanidad.

Hoy despedimos a un gran amigo, a un familiar querido, a un economista brillante y a un político con visión. Hombres como él hacen falta en la República Dominicana. Que descanse en paz Don Guillermo Caram, con el agradecimiento y el respeto eterno de quienes tuvimos la fortuna de conocerlo y aprender de su ejemplo.