Durante muchos siglos, se ha creído que los seres humanos se destacan por ser racionales, pero en realidad, hay aspectos de nuestra conducta que desafían esa idea. Un ejemplo es la hibristofilia, que es la atracción hacia individuos peligrosos o propensos a causar daño a otros.
Cuando se trata de establecer relaciones íntimas basadas en la confianza, elegir a una pareja peligrosa puede llevar a problemas graves, como abuso psicológico o físico. La hibristofilia, acuñada por el psicólogo John Money, describe esta atracción hacia criminales o delincuentes, quienes pueden ser vistos como románticos o sexualmente atractivos debido a su naturaleza fuera de la ley.
Esta tendencia puede considerarse una parafilia, ya que puede poner en riesgo la salud física y mental de quienes la experimentan. Los delincuentes tienen una mayor probabilidad de cometer violencia doméstica, lo que aumenta el peligro de involucrarse con ellos en una relación.
Criminales atraídos por mujeres
Charles Manson

Charles Manson, conocido por estar involucrado en varios asesinatos y organizar una secta en el año 1971, contó con varias amantes a pesar de sus actos y de su estrafalaria personalidad.
Ted Bundy

Otro caso similar fue el de Ted Bundy en 1970, asesino en serie y responsable de la muerte de decenas de personas en que llegó a casarse con una admiradora después de haber sido condenado y recibía multitud de cartas de amor en la cárcel. Mandadas por diferentes mujeres.
Josef Fritzl

El conocido como Monstruo de Amstetten ha ido recibiendo cartas de amor durante su encarcelamiento, a pesar de estar condenado por encerrar a su hija durante 24 años, casarse con ella y tener varios hijos e hijas con ella.
¿Existe alguna forma de abordar este trastorno?
Actualmente, no hay un tratamiento específico para la hibristofilia, ya que no está reconocida como un trastorno mental en los manuales de diagnóstico. Además, esta atracción no se basa en un objeto o situación específica que pueda ser abordada clínicamente, sino en aspectos más abstractos, lo que dificulta su control en un entorno terapéutico.
