OPINIÓN RAMÓN MUCHACHO PARA 7 SEGUNDOS.- “Yo no soy chavista, soy rodriguista”
Consejo Editorial

Cuentan que en una oportunidad le preguntaron al flamante representante diplomático del régimen ante Estados Unidos, Félix Ramón Plasencia González, por qué se había metido a chavista, a lo cual supuestamente respondió: “Yo no soy chavista, soy rodriguista”.

“¡Vaya visionario!”, ironiza un antiguo funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores (MRE), destacando el tino que tuvo Plasencia cuando buscó cobijo bajo el frondoso árbol de los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez.

Todos los perfiles elaborados sobre Plasencia resaltan su condición de “diplomático de carrera”. Una verdadera excepción dentro de la revolución chavista, donde abundan los diplomáticos “a la carrera”, con cursos exprés y nombramientos a dedo que sirvieron para barrer a los profesionales y llenar la nómina del MRE con incondicionales y familiares.

Sin embargo, otra fuente de Cancillería afirma que Plasencia contribuyó a acabar con la carrera diplomática en los tiempos de Delcy Rodríguez en Casa Amarilla. El tándem se encargó de jubilar a muchos funcionarios y él logró su ascenso por órdenes superiores, sin necesidad de presentar credenciales. Un beneficiario de la palanca, lo que él tanto criticó en los tiempos de la oprobiosa Cuarta República.

El asistente

Mucho antes de convertirse en el hombre de confianza de la mandataria encargada y el jefe de la Asamblea Nacional, Plasencia fue asistente personal de Fernando Ochoa Antich, canciller entre 1992 y 1994.

“Lo recuerdo como un muchacho muy agradable, muy ‘entrón’. Se hacía amigo de todo el mundo, incluso durante los viajes demostraba una extraordinaria capacidad para conocer y hacerse amigo de funcionarios de otras cancillerías”, relata un miembro del equipo del general Ochoa Antich.

La fuente lo describe como un hombre inteligente y con buena formación, que ocupó el segundo lugar en uno de los concursos que se hicieron para el ingreso al servicio exterior. Su trabajo en ese tiempo no era de tipo intelectual sino operativo, asumiendo distintas tareas que surgían a diario en el despacho del ministro.

Vistos los antecedentes, esta persona confiesa que le sorprendió escuchar una vez a Plasencia denunciar que había sido “discriminado” por su presunta condición revolucionaria. “El Félix que conocí jamás manifestó tendencia política y en lugar de ser marginado, era más bien el muchacho agradable, consentido por todo el mundo, empeñado en caer bien y muy preocupado por lucir lo mejor posible”.

Para terminar de desmentir la supuesta exclusión, otro ex funcionario asegura que Plasencia logró una beca convocada por la embajada británica para estudiar en la Universidad de Oxford precisamente por la recomendación de Ochoa Antich. “Otros compañeros tenían mejores calificaciones y manejaban mejor el inglés, pero él se impuso por el apoyo del ministro”.

Paño mojado

Entrevistada por Nicolás Maduro en su podcast, Delcy Rodríguez esbozó una breve autobiografía, señalando que en 1998 recaló en Londres, procedente de París. Según su testimonio, vivió en la capital del Reino Unido hasta finales de enero de 2002, cuando retornó a la patria por el temor de que se perpetrara un golpe de Estado contra Hugo Chávez, tal como ocurrió el 11 de abril.

Durante esa pasantía londinense coincidió con Plasencia en la legación venezolana. “En ese tiempo, ella lo necesitaba más a él que él a ella. Delcy no era bien vista por los funcionarios, a excepción de Plasencia”, asevera un diplomático retirado.

Otro agrega que la ministra consejera de la embajada trataba a los gritos a Delcy Rodríguez, echándole en cara que estaba allí por sus contactos políticos. Plasencia siempre la “defendió de los ataques” de sus colegas, convirtiéndose -literalmente- en el “paño de lágrimas” de la futura Presidenta encargada.

De vuelta en la República Bolivariana, su estrecha relación con Jorge Rodríguez le permitió ocupar la dirección de Relaciones Internacionales de la Alcaldía de Caracas y la presidencia de Fundapatrimonio, organismo dedicado a la protección, restauración y promoción del patrimonio cultural del municipio Libertador.

Más viejo

En Internet se puede leer que Plasencia nació en Maracay, estado Aragua, en 1972. Así lo registran los principales medios de comunicación. “¡Imposible, si él es más viejo que yo!”, saltan dos ex diplomáticos. Una revisión más exhaustiva confirma que el enviado a Estados Unidos nació el 19 de abril de 1964.

Los mismos dudan de que haya visto la luz en la capital aragüeña. Indican que lo alumbraron en la Maternidad Concepción Palacios de Caracas y que era vecino de la avenida Lecuna. Por eso les llamaba la atención cuando en reuniones privadas, Plasencia se quejaba de que a su padre presuntamente le habían negado la inscripción en el Caracas Country Club.

Discreto con su vida personal y padre de una niña por vientre subrogado, le critican que nombró a su esposo Junior Jesús Poveda Salamanca como jefe del consulado venezolano en Reino Unido.

De origen canario, en los pasillos de Cancillería corrió el rumor de que estando en Londres intentó ingresar al servicio exterior de España, pero no lo aceptaron.

Buena cara

Lo que unos ven como “entrón”, otros lo ven como arribista. “Competente” a secas, lo definen unos. “Gris como su gestión al frente del MRE”, disparan otros. No obstante, hay cierto consenso en cuanto a su formación profesional, ambición y buena suerte.

Un embajador europeo que interactuó con Plasencia en su época de canciller advertía que si bien era un good looking guy, en sus reuniones el hombre se mostraba tan intransigente como sus jefes. Con los retoques estéticos que se ha practicado, ahora tendrá que mostrar su mejor rostro en Washington en el marco del relanzamiento de las relaciones bilaterales.

“Por su capacidad para congraciarse con la gente y por los años que lleva en Cancillería, creo que debe ser un buen diplomático, muy apropiado para presentar una cara amable del régimen”, concluye un experto.