La muerte de Nanita Pimentel, adolescente de 14 años en un centro del Consejo Nacional para la Niñez y la Adolescencia (CONANI) en Guerra, ha dejado una profunda huella emocional en su familia.

Su madre ha sido vista en la zona fronteriza en estado de depresión y desequilibrio emocional, deambulando por las calles y recogiendo objetos, reflejo del dolor que la tragedia ha provocado. La abuela de la menor también muestra signos de deterioro emocional, lo que evidencia lo difícil que ha sido para la familia asimilar la pérdida.

Las investigaciones revelaron un relato estremecedor: tres menores fueron interrogados y habrían confesado que asfixiaron a Nanita utilizando una sábana y el cordón de un pantalón deportivo. Las autoridades calificaron la versión como «espeluznante», subrayando la gravedad del caso y la necesidad de reforzar la protección de los adolescentes bajo custodia estatal.