FLORIDA, EE.UU- Lo que comenzó como una simple pista sobre dos aviones en reparación terminó convirtiéndose en un audaz plan de espionaje para capturar al presidente venezolano Nicolás Maduro. El protagonista: Edwin López, un veterano agente federal estadounidense que, incluso tras su retiro, se obsesionó con la idea de atrapar al mandatario.

La historia, reconstruida a partir de entrevistas con funcionarios actuales y retirados del gobierno de Estados Unidos y documentos revisados por la agencia Associated Press, tiene todos los ingredientes de una novela de espionaje: jets de lujo, mensajes encriptados, maniobras diplomáticas y un piloto clave que casi se convierte en traidor.

El encuentro secreto en Santo Domingo

El plan comenzó el 24 de abril de 2024, cuando un informante llegó a la embajada estadounidense en la República Dominicana asegurando tener información sobre dos aviones de Maduro en el país. Edwin López, entonces agregado de Seguridad Nacional en la embajada, recibió la pista.

Según los registros, los jets —un Dassault Falcon 2000EX y un Dassault Falcon 900EX— se encontraban en el aeropuerto ejecutivo La Isabela, en Santo Domingo, para reparaciones que violaban las sanciones de EE.UU. contra Venezuela. López, un exranger del Ejército de origen puertorriqueño con una carrera marcada por operaciones antidrogas, vio una oportunidad.

Poco después, los investigadores confirmaron que cinco pilotos venezolanos habían sido enviados a recuperar las aeronaves. Entre ellos, el coronel Bitner Villegas, piloto principal de Maduro y miembro de la guardia presidencial.

La propuesta de entregar su presidente

López ideó entonces un plan arriesgado: convencer a Villegas de desviar el avión presidencial hacia un lugar donde el ejército estadounidense pudiera arrestar a Maduro. Con autorización de sus superiores y del gobierno dominicano, interrogó a los pilotos bajo el pretexto de una inspección rutinaria.

En una sala del hangar, frente al Falcon 2000EX, el agente se reunió a solas con Villegas. La conversación comenzó ligera, sobre celebridades transportadas y maniobras aéreas. Sin embargo, el tono cambió cuando López le preguntó directamente si había pilotado para Chávez o Maduro. Tras evadir la pregunta, el militar admitió haber volado para ambos y mostró fotos junto a los presidentes.

Al final del encuentro, López hizo su oferta: si ayudaba a llevar a Maduro hasta territorio bajo control estadounidense —ya fuera la República Dominicana, Puerto Rico o la base de Guantánamo—, recibiría una recompensa millonaria y sería considerado un héroe nacional. Villegas no respondió, pero entregó su número de teléfono, una señal de posible interés.

Entre aviones, inteligencia y tensiones diplomáticas

Los pilotos regresaron a Caracas sin las aeronaves, alegando falta de permisos de vuelo. Mientras tanto, EE.UU. inició un proceso para confiscar los jets, considerados bienes obtenidos en violación de sanciones. En septiembre de 2024, uno de los aviones fue incautado en el microestado europeo de San Marino; el otro, en febrero de 2025, durante la primera gira del secretario de Estado Marco Rubio.

Durante una rueda de prensa en el aeropuerto dominicano, López acompañó a Rubio y aseguró que la aeronave contenía “un tesoro de inteligencia” sobre movimientos de la Fuerza Aérea venezolana. Caracas reaccionó furiosa, calificando el hecho como un “robo descarado”.

De agente a civil, pero con la misma misión

Aunque se jubiló en julio de 2025, Edwin López no abandonó su propósito. A través de WhatsApp y Telegram, mantuvo contacto esporádico con Villegas durante más de un año, intentando persuadirlo.

Mientras tanto, el contexto geopolítico se endurecía. Con Donald Trump nuevamente en la Casa Blanca, Washington adoptó una línea aún más agresiva hacia Maduro. Ese verano, Trump desplegó tropas, helicópteros y buques de guerra en el Caribe bajo la justificación de atacar embarcaciones sospechosas de traficar cocaína desde Venezuela. Las operaciones dejaron al menos 57 muertos.

En octubre, el presidente autorizó a la CIA a ejecutar operaciones encubiertas dentro del territorio venezolano y duplicó la recompensa por la captura de Maduro a 50 millones de dólares. López aprovechó el anuncio para enviarle un mensaje al piloto:

“Sigo esperando tu respuesta”, escribió el 7 de agosto, adjuntando el comunicado oficial del Departamento de Justicia.

“Todavía hay tiempo para ser héroe”

Sin recibir respuesta, López insistió con otro texto:

“Aún tienes tiempo de ser el héroe de Venezuela y estar del lado correcto de la historia”.

Según uno de los opositores venezolanos exiliados que lo asesoraban, el exagente veía su misión como “inconclusa” y estaba decidido a concluirla, incluso por su cuenta. “Se convirtió en un hombre obsesionado”, relató la fuente.

Pese a los intentos, Villegas mantuvo la distancia. Maduro, por su parte, seguía consolidando el control sobre su entorno. Desde 2013, su gobierno ha encarcelado a antiguos aliados y reprimido duramente cualquier signo de disidencia interna.

La tensión final

El 18 de septiembre, López observaba las noticias sobre la presencia militar estadounidense en el Caribe cuando notó una publicación en la red X (antes Twitter) del usuario @Arr3ch0, conocido por rastrear vuelos presidenciales venezolanos. El mapa mostraba un avión oficial que había hecho una maniobra inusual después de despegar de Caracas.

López, utilizando un nuevo número, le envió un mensaje directo a Villegas:

“¿Hacia dónde te diriges?”

El piloto respondió:

“¿Quién eres?”

Cuando López le recordó su encuentro en Santo Domingo, Villegas lo llamó “cobarde” y añadió:

“Los venezolanos estamos hechos de otra madera. Lo último que somos es traidores.”

López envió entonces una foto de ambos sentados en un sofá rojo durante la reunión en el hangar.

“¿Estás loco?”, replicó Villegas.
“Un poco…”, respondió el agente.

Dos horas después, López intentó por última vez convencerlo, mencionando a sus tres hijos y prometiéndole una vida segura en Estados Unidos.

“La ventana para decidir se cierra pronto”, escribió antes de ser bloqueado.

“Operación psicológica”: el intento de desestabilizar a Maduro

Tras ser rechazado, López y sus contactos en la oposición venezolana decidieron ejecutar una operación psicológica para generar desconfianza en el entorno presidencial. El 19 de septiembre, el exfuncionario republicano Marshall Billingslea, conocido por su cercanía a líderes opositores, publicó un mensaje provocador en X:

“¡Feliz cumpleaños, General Bitner!”, escribió junto a dos fotografías: una en la que Villegas aparecía —recortada para omitir a López— y otra oficial con su nuevo rango.

La publicación, realizada justo un minuto antes de que otro avión presidencial despegara de Caracas, causó un terremoto político. El vuelo regresó inesperadamente al aeropuerto veinte minutos después, alimentando rumores de que el piloto había sido interrogado o arrestado.

Durante varios días, Villegas desapareció de la escena pública, lo que aumentó las especulaciones de una purga interna.

La reaparición del piloto y la respuesta de Caracas

El 24 de septiembre, el coronel reapareció en televisión nacional, en el programa conducido por el ministro del Interior, Diosdado Cabello. Vestido con su uniforme de vuelo, permaneció en silencio mientras Cabello lo elogiaba como un “patriota leal e incorruptible”.

“Aquí no hay traidores que puedan ser comprados por el imperio”, declaró Cabello, riendo ante las cámaras mientras Villegas levantaba el puño en señal de fidelidad.

La aparición buscaba disipar cualquier duda sobre la lealtad del piloto y reafirmar la narrativa del régimen: que ninguna oferta, por millonaria que sea, logrará dividir a las fuerzas armadas.

El silencio de Washington y Caracas

El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) y el Departamento de Estado de Estados Unidos se negaron a comentar sobre el caso. Tampoco hubo declaraciones oficiales del gobierno venezolano.

Intentos de localizar a Villegas fueron infructuosos, y varios funcionarios estadounidenses reconocieron que el plan nunca pasó de la fase de conversación. Aun así, el episodio reveló los límites de la estrategia estadounidense para desestabilizar a Maduro, a menudo improvisada y dependiente de actores individuales.

Espionaje, sanciones y un viejo enemigo

Maduro fue acusado en 2020 por narcoterrorismo en un tribunal federal estadounidense, que lo señala de dirigir una red de tráfico de cocaína en colaboración con las FARC. Desde entonces, Washington ha buscado su captura por medios diplomáticos y, en ocasiones, clandestinos.

El caso López muestra hasta dónde puede llegar esa ambición: un agente jubilado que, convencido de servir a la justicia, intenta reclutar a un piloto militar para entregar a su presidente.

Aunque el plan fracasó, dejó huellas de un esfuerzo más amplio de Washington por erosionar al régimen venezolano en todos los frentes: económico, militar y psicológico.

Una historia que parece sacada de la Guerra Fría

Hoy, Edwin López vive retirado, mientras en círculos diplomáticos su nombre se menciona con mezcla de admiración y desconcierto. Para algunos, fue un idealista temerario; para otros, un símbolo del desgaste de la política exterior estadounidense hacia Venezuela.

En el centro de la historia quedan dos hombres unidos por un intento imposible: un agente que quiso cambiar el destino de un país desde un hangar en Santo Domingo, y un piloto que prefirió seguir volando bajo la sombra del poder.