OPINIÓN, ANDRÉS A. AYBAR BÁEZ, para 7 Segundos Multimedia.- Desde la crisis bancaria y, más recientemente, tras el fallecimiento de mi esposa, he sentido la necesidad de volcar mis inquietudes en escritos que sirvan para pensar soluciones prácticas a los problemas de la sociedad dominicana. Lo he hecho con la esperanza de dejar un legado desde la academia y la reflexión, nunca con la intención de herir intereses personales ni colectivos.

Un amigo al que admiro y respeto, con la franqueza que caracteriza a quienes aprecian de verdad, me sugirió mantener mis escritos “light” para no generar sobresaltos ni tocar fibras sensibles. Su consejo me llegó en un parqueo, como un destello de realidad. Lo comprendí, porque en este país —con una agenda compleja y cargada de temas urgentes— cualquier voz disonante puede ser malinterpretada o neutralizada.

La autocensura, aunque suene contradictoria en un entorno que necesita voces libres, se convierte en un ejercicio de prudencia y de sobrevivencia. No renunciaré a escribir, pero sí aceptaré el consejo de tratar temas ligeros, de amenidad, que entretengan y aporten sin levantar resquemores. Como dice el refrán, “una golondrina no hace verano”, y quizás mi papel no sea ya el de batallador en primera línea, sino el de un pelotero que observa el juego desde la banca y encuentra en el golf y en lo cotidiano un espacio para expresarse sin perturbar.

Este giro no significa claudicar en mi interés por la verdad ni mi compromiso con el país. Significa entender que, en ocasiones, lo mejor que podemos hacer por la nación y por nuestros hijos es escribir con sutileza, iluminar desde lo anecdótico y lo ligero, y sembrar inquietudes sin abrir heridas. La madurez me obliga a asumir esta autocensura como un nuevo paradigma: el de seguir escribiendo, pero desde la serenidad y la prudencia, sin renunciar a la conciencia de que la República Dominicana aún tiene retos pendientes que algún día deberán enfrentarse.