OPINIÓN, VICTORIA AYBAR, PARA 7 SEGUNDOS.- Hoy deseo compartir con ustedes una reflexión que me entusiasma profundamente. A lo largo de la vida transitamos por diversos ciclos biológicos que nos permiten crecer, desarrollarnos y convivir en el mismo suelo. Todos, sin excepción, estamos llamados a cumplir las tres etapas inevitables de la existencia: nacer, envejecer y morir.
Sin embargo, muchos se resisten a aceptar los signos naturales del paso del tiempo: las arrugas en la piel, las alteraciones del sueño, los cambios en el peso, el leve declive de la memoria o, incluso, el aislamiento social. El ser humano teme envejecer, pero me pregunto: ¿Por qué sentir miedo si el envejecimiento es, en esencia, parte del milagro de vivir?
El envejecimiento es un proceso universal, dinámico y continuo, que se inicia una vez culmina el desarrollo del individuo, es decir, alrededor de la tercera década de vida. Es universal porque afecta a todos los seres humanos; y es continuo porque, a medida que el organismo experimenta procesos de regeneración y muerte celular, el cambio se hace inevitable e irreversible.
En este proceso intervienen factores intrínsecos y extrínsecos. Los intrínsecos son los que dependen de nuestra carga genética, mientras que los extrínsecos se relacionan con el entorno y el estilo de vida. Si sabemos que comenzamos a envejecer a partir de los 30 años, y que junto a nosotros envejecen nuestros órganos y sistemas —incluido el sistema inmunológico, que nos protege frente a agentes dañinos—, ¿Por qué no promover desde temprano hábitos que favorezcan un envejecimiento saludable?
¿Y por qué no brindar también a nuestros adultos mayores las herramientas necesarias para prolongar su longevidad y transformar su historia de vida?
Cambiemos nuestra percepción sobre el envejecimiento. Construyamos una nueva narrativa, una en la que sea posible alcanzar una vejez satisfactoria, activa y con propósito, tanto en el hogar como en la sociedad.
La base de un buen envejecimiento se sostiene sobre tres pilares fundamentales:
- Una alimentación equilibrada.
- Una adecuada higiene del sueño (cultivar hábitos que favorezcan el descanso reparador).
- La práctica regular de ejercicios de fuerza y cardiovasculares.
Es esencial que el adulto mayor cuente con el acompañamiento de familiares o cuidadores, guiados siempre por las recomendaciones del médico.
Aunque el envejecimiento puede conllevar limitaciones motoras o cognitivas, pérdida de masa muscular o la presencia de enfermedades crónicas, esto no significa que la persona no pueda mantenerse activa ni disfrutar de una vida digna y plena. Con apoyo, motivación y disciplina, es posible hacerlo.
Hagamos de la vejez nuestra aliada, y juntos construyamos una historia diferente, una en la que envejecer sea sinónimo de sabiduría, bienestar y calidad de vida.
