OPINIÓN, FÉLIX CORREA, PARA 7 SEGUNDOS.- Este sábado, en 60 Minutos de Seguros, dedicamos el programa a un tema que muchas personas prefieren dejar para después: el seguro de incendio para viviendas y negocios.
La coincidencia con el incendio ocurrido en la tienda LYR Comercial, en la Autopista Las Américas, nos recordó una vez más que los grandes siniestros no avisan. Llegan de repente, cambian vidas, destruyen años de esfuerzo y, en muchos casos, dejan a familias y empresarios empezando desde cero.
Cada vez que ocurre un incendio, las primeras preguntas son las mismas. ¿Qué lo provocó? ¿Cuánto se perdió? ¿Había personas dentro? Pero pocas veces se hace la pregunta más importante: ¿estaba asegurada la propiedad?
La respuesta a esa pregunta puede marcar la diferencia entre reconstruir un negocio en pocos meses o perder definitivamente el patrimonio de toda una vida.
En la República Dominicana existe una preocupante cultura de asegurar el vehículo porque la ley lo exige, pero dejar sin protección la casa donde vive la familia o el negocio que genera el sustento diario.
Es una contradicción que merece una profunda reflexión. Hay personas que pagan religiosamente el seguro de un vehículo cuyo valor disminuye cada año, pero mantienen sin seguro una vivienda, que representa el mayor patrimonio de la familia.
Lo mismo ocurre con miles de pequeños y medianos negocios. Comercios, almacenes, talleres, oficinas, restaurantes y colmados funcionan diariamente expuestos a incendios, explosiones, cortocircuitos, fenómenos atmosféricos y otros riesgos, sin ninguna protección financiera.
Cuando ocurre un incendio, el daño no termina cuando se apagan las llamas. Comienza entonces el verdadero desafío: reconstruir la infraestructura, reponer inventarios, comprar nuevos equipos, recuperar clientes y continuar pagando salarios, préstamos y compromisos económicos.
Muchas empresas nunca logran recuperarse.
Por esa razón, un seguro de incendio no debe verse como un gasto, sino como una inversión para proteger el patrimonio familiar y garantizar la continuidad de un negocio.
Además de proteger el edificio, una póliza bien estructurada puede incluir la protección del contenido, mobiliarios, equipos, mercancías, mejoras y, en el caso de los negocios, la cobertura por interrupción de operaciones, permitiendo que la empresa sobreviva mientras se recupera del siniestro.
En las viviendas ocurre algo similar. Un seguro puede evitar que una familia pierda en una sola noche el esfuerzo de décadas. No solamente protege la estructura de la casa, sino también su contenido y ofrece la tranquilidad de contar con el respaldo económico necesario para volver a comenzar.
Desde 60 Minutos de Seguros seguiremos insistiendo en la necesidad de crear una verdadera cultura de prevención. El mejor momento para comprar un seguro es antes de necesitarlo. Después del incendio, ya no existe la posibilidad de proteger lo perdido.
A propósito de que la República Dominicana se encuentra discutiendo una nueva Ley de Seguros, este es el momento oportuno para abrir un debate nacional sobre la conveniencia de establecer, de manera gradual y con incentivos adecuados, la obligatoriedad del seguro de viviendas. No se trata únicamente de proteger el patrimonio de cada familia, sino también de proteger las finanzas públicas. Cada vez que un incendio, un huracán o un terremoto deja miles de viviendas destruidas, el Estado termina asumiendo gran parte del costo de la reconstrucción y de la asistencia a los damnificados. Un país donde las viviendas estén aseguradas será un país con mayor capacidad de recuperación, menos dependencia de los recursos públicos y familias que podrán reconstruir sus vidas con mayor rapidez y dignidad.
Ojalá que hechos como el ocurrido recientemente en LYR Comercial no solo sirvan para investigar sus causas, sino también para despertar la conciencia de miles de dominicanos sobre la importancia de asegurar sus viviendas y negocios.
Los desastres naturales y los incendios no se pueden evitar, pero sí podemos evitar que se conviertan en una tragedia económica para las familias y para el Estado. La nueva Ley de Seguros tiene la oportunidad histórica de sembrar hoy la protección que el país necesitará mañana.
Porque el patrimonio se construye con años de trabajo, sacrificio y dedicación. Perderlo puede tomar apenas unas horas. Y cuando el fuego se apaga, el seguro es, muchas veces, la única herramienta que permite volver a comenzar.
