OPINIÓN, ANDRÉS AYBAR BÁEZ, para 7 SEGUNDOS.- La reciente entrada de Magín Díaz como ministro de Hacienda y Economía, en sustitución de José Manuel Vicente Dubocq (Jochi Vicente), ha estado acompañada de declaraciones que merecen reflexión. Al afirmar que “hay que reactivar la actividad económica antes que pensar en una reforma”, y que el objetivo es devolver el crecimiento al país manteniendo la estabilidad, plantea un dilema que ha caracterizado la conducción económica dominicana en los últimos años: la obsesión por la estabilidad, en detrimento de la inversión y del crecimiento sostenido.
No basta con repetir que “el país no tiene una crisis fiscal, sino un problema de espacio fiscal”. Ese espacio no se construye con ajustes marginales al presupuesto ni con ingresos extraordinarios coyunturales como el aumento temporal de la producción de oro por parte de Barrick Gold. Se construye con confianza, con reglas claras y con incentivos a la inversión productiva. El país no puede seguir descansando sobre las remesas, el turismo y las exportaciones, mientras posterga las reformas necesarias para formalizar la economía, ampliar la base tributaria y generar un ambiente de negocios competitivo.
El ministro ha anunciado que el crecimiento esperado para este año será de 2.6% a 3.5%, sustentado en gasto de capital, endeudamiento y medidas coordinadas con el Banco Central. Pero si el déficit se financiará en un 100% con deuda, como él mismo reconoce, lo que se proyecta no es un modelo de desarrollo, sino un parche coyuntural. Esa senda prolonga la dependencia del crédito externo y posterga la construcción de un crecimiento inclusivo y sostenible.
Magín Díaz, con su experiencia técnica, sabe que la estabilidad es condición necesaria, pero no suficiente. La estabilidad sin inversión es un espejismo: da tranquilidad temporal, pero erosiona la capacidad de crecimiento a largo plazo. Y la falta de una visión integral que combine reactivación con reformas estructurales puede llevarnos, una vez más, a una trampa de bajo crecimiento, alta deuda y estancamiento de la confianza empresarial.
La República Dominicana no necesita solo estabilidad. Necesita un modelo económico que convierta esa estabilidad en palanca para atraer inversiones, fortalecer al empresariado local, dar certidumbre a los pequeños y medianos negocios y diversificar la economía más allá de sus soportes tradicionales.
El país espera que este cambio de timón en el Ministerio de Hacienda no repita la historia de las oportunidades perdidas. Porque la verdadera reforma que necesita la nación no es fiscal en sí misma, sino estructural: una visión de futuro que asegure crecimiento sostenido, inversión y bienestar colectivo. De lo contrario, lo que hoy se anuncia como un relanzamiento económico quedará reducido a un rebote estadístico, sin impacto real en la vida de los dominicanos.
