El análisis, elaborado por los economistas Christoph B. Rosenberg y Marius Van Oordt y publicado por el Fondo Monetario Internacional, afirma que, debido a sus menores riesgos para la salud, los vapes deberían pagar impuestos más bajos que el cigarrillo de combustión. Recuerdan, además, que esta lógica ya se aplica en otros sectores como el alcohol y algunas bebidas azucaradas.
Un análisis publicado en la edición de marzo de la revista Finance & Development, del Fondo Monetario Internacional (FMI), afirmó que los países deberían aplicar impuestos más bajos a los vapeadores y otros productos de nicotina sin combustión en comparación con los cigarrillos tradicionales, debido a sus menores riesgos para la salud. Esta es una de las principales conclusiones de este nuevo informe, titulado “Impuestos a los hábitos nocivos”, que llama a los gobiernos a modernizar sus esquemas tributarios y a alinearlos con la evidencia científica disponible.
El análisis, elaborado por los economistas Christoph B. Rosenberg, exsubdirector de Comunicaciones del FMI; y Marius Van Oordt, experto en política fiscal y exprofesor del Instituto Africano de Impuestos de la Universidad de Pretoria, sostiene que los sistemas impositivos actuales no reflejan adecuadamente las diferencias de riesgo entre los cigarrillos combustibles y las alternativas sin combustión, como los vapeadores, los calentadores de tabaco o las bolsas de nicotina. Según el documento, la evidencia científica muestra que estos productos exponen a los usuarios a niveles significativamente menores de sustancias nocivas, una condición que, a juicio de los autores, debería traducirse en impuestos diferenciados. “Los impuestos al tabaco, al alcohol y al azúcar deberían estar más acordes con el daño que causan”, señala el informe.
La publicación recuerda que esta lógica ya se aplica en otros sectores. En el caso de las bebidas alcohólicas, las espirituosas pagan impuestos más altos debido a su mayor graduación de alcohol, mientras que muchas jurisdicciones gravan las bebidas azucaradas según su contenido de azúcar por litro. Para Rosenberg y Van Oordt, no existe razón técnica para que los productos de nicotina continúen gravados bajo un esquema uniforme, especialmente cuando presentan perfiles de riesgo distintos frente al cigarrillo convencional.
El documento también advierte sobre los efectos negativos de incrementar los impuestos de manera generalizada sin atender estas diferencias. Según los autores, aumentar la carga tributaria de forma indiscriminada puede resultar contraproducente: “Tarde o temprano, fumadores y bebedores, en lugar de dejar de fumar o tomar, optarán por alternativas no gravadas o ilícitas”. Este desplazamiento hacia el comercio ilegal no solo reduce la recaudación fiscal, sino que además debilita la efectividad de las políticas de salud pública y amplía un mercado ilegal que ya representa un desafío creciente para muchos países.
El artículo del FMI subraya que los impuestos especiales constituyen una fuente confiable y socialmente aceptada de ingresos gubernamentales, pero advierte que su eficacia depende de que evolucionen al ritmo de los cambios en los patrones de consumo. En un contexto donde surgen productos con tecnologías nuevas y niveles de riesgo distintos, mantener los mismos esquemas de hace décadas puede limitar tanto la recaudación como la capacidad de los Estados para influir en el comportamiento de los consumidores.
El informe propone que los gobiernos adopten estructuras tributarias más inteligentes y modernas, capaces de incorporar la evidencia científica, el perfil toxicológico de cada producto y su método de administración, diferenciando, por ejemplo, la combustión del calentamiento. También sugiere mejorar la cooperación internacional para combatir el contrabando, integrar datos sanitarios y fiscales para la toma de decisiones y utilizar los impuestos no solo como mecanismo recaudatorio, sino como herramienta de reducción de daño. El mensaje de fondo es claro: los sistemas impositivos deben incentivar la migración de los fumadores hacia alternativas menos nocivas, no castigarlas con la misma carga que los cigarrillos tradicionales.
Este posicionamiento se suma a una tendencia internacional que reconoce la necesidad de actualizar los marcos regulatorios y fiscales ante la aparición de nuevas tecnologías de nicotina. Varios países ya han empezado a explorar modelos diferenciados inspirados en prácticas similares a las utilizadas en alcohol y bebidas azucaradas, donde las tasas impositivas varían según el riesgo o la concentración de sustancias críticas.
El informe concluye que los Estados deben abandonar los esquemas uniformes que ignoran las diferencias de riesgo y avanzar hacia estructuras más precisas y basadas en evidencia, que protejan la salud pública, sostengan la recaudación y eviten la expansión del mercado ilegal. En un momento en el que muchos gobiernos revisan sus políticas fiscales, el análisis del FMI busca aportar una perspectiva técnica que combina salud, economía y comportamiento del consumidor.
El documento fue elaborado por Christoph B. Rosenberg, economista y exsubdirector de Comunicaciones del FMI, y Marius Van Oordt, experto en política fiscal y exprofesor del Instituto Africano de Impuestos de la Universidad de Pretoria. El informe está disponible en la edición de marzo de 2026 de la revista Finance & Development del FMI.
