Este lunes se hizo pública la encuesta de ACD MEDIA, donde el 37.6% de los ciudadanos encuestados afirmaron que el mayor problema de la República Dominicana radica en la delincuencia, que se encuentra muy por encima de la economía (21.7 %) y del alto costo de la vida (8.6 %).
Este dato indica que, más allá de las preocupaciones estructurales como empleo o inflación, la seguridad ciudadana domina la percepción colectiva y condiciona la evaluación que la población hace de la realidad nacional. Su persistencia en el primer lugar sugiere que los esfuerzos por impulsar una reforma policial aún no se traducen en una percepción tangible de mayor control y tranquilidad para el pueblo dominicano, manteniendo vigente la sensación de vulnerabilidad en amplios sectores de la sociedad.


Según los datos revelados a través de esta encuestadora, en la región Metropolitana la delincuencia alcanza un 41.5 %, y en el Cibao noroeste un 42.9 %, siendo esta última la cifra más alta registrada en la tabla. En contraste, el Cibao noreste presenta un 26.8 %, notablemente inferior.
Estas diferencias regionales demuestran que la inseguridad no se percibe igual en todo el país. No es lo mismo vivir la realidad del Gran Santo Domingo que la de otras zonas con dinámicas sociales distintas. La preocupación parece estar atada al contexto: donde hay mayor densidad poblacional, más actividad urbana o mayor exposición mediática a hechos delictivos, la sensación de riesgo se intensifica, por tanto, la percepción de inseguridad también tiene territorio según las estadísticas presentadas.
Si nos enfocamos en los datos recopilados, podemos concluir que la percepción de inseguridad que existe impacta directamente la confianza en las instituciones, ya que pese a los esfuerzos de las autoridades, públicamente expuestos en múltiples escenarios en materia de reforma policial, operativos focalizados y fortalecimiento de la Fuerza de Tarea Conjunta, la sensación de los ciudadanos sigue sin cambiar.
Mientras esas acciones no se traduzcan en una sensación real de tranquilidad en los barrios y comunidades, la brecha entre estrategia oficial y percepción ciudadana seguirá marcando el pulso del clima democrático nacional.
