OPINIÓN, ANDRÉS AYBAR BÁEZ PARA 7 SEGUNDOS MULTIMEDIA.– La carrera presidencial dentro del PRM rumbo a 2028 tiene una particularidad que puede alterar la dinámica entre Carolina Mejía y David Collado: una cosa es medir popularidad en la población y otra muy distinta contar votos dentro de una organización política.
Si el mecanismo finalmente descansa en una primaria cerrada, la estructura interna adquiere una importancia mucho mayor. El dirigente provincial, el alcalde, el regidor, el presidente de zona y quien conoce y moviliza a la militancia pasan a tener un peso que una encuesta nacional difícilmente puede medir.
Y ahí aparece una de las fortalezas políticas de Carolina Mejía.
Carolina no surge de la nada. Es hija del ex presidente Hipólito Mejía y pertenece a una corriente que lleva décadas haciendo política, primero dentro del PRD y posteriormente en la construcción del PRM. Esa historia significa relaciones, dirigentes, lealtades y conocimiento del territorio. Pero sería un error reducir su proyecto simplemente al apellido Mejía.
Carolina ha ido construyendo su propio espacio político. Su gestión municipal y sus responsabilidades dentro del PRM le han permitido relacionarse con una generación que ya no necesariamente procede del viejo hipolitismo. Su proyecto ha afirmado recientemente contar con miles de dirigentes y numerosas autoridades electas respaldándolo. Son cifras provenientes del propio equipo político y, por tanto, deben ser comprobadas cuando llegue el momento de medir fuerzas, pero revelan hacia dónde está concentrando sus esfuerzos: la estructura partidaria.
David Collado representa inicialmente una trayectoria diferente. Ha desarrollado una considerable exposición nacional desde el Ministerio de Turismo y ha aparecido con buenos números en distintas encuestas. Sin embargo, sería igualmente equivocado presentarlo como un candidato únicamente mediático. También viene incorporando dirigentes y construyendo estructura dentro del PRM.
Ahí está lo verdaderamente interesante.
Carolina necesita convertir estructura partidaria en aceptación electoral más amplia. David necesita convertir aceptación pública en votos efectivos dentro del partido. Cada uno está trabajando precisamente sobre aquello que podría considerarse la fortaleza inicial del contrario.
El apellido Mejía: activo, pero no cheque en blanco
Hipólito Mejía sigue siendo una figura importante en la historia del PRM y conserva vínculos construidos durante décadas. Para Carolina, disponer de esa red representa un activo político evidente.
Pero una herencia política no constituye automáticamente una candidatura presidencial.
El gran desafío de Carolina será demostrar que aquella estructura que acompañó a su padre puede renovarse y convertirse en una maquinaria propia, incorporando dirigentes jóvenes y sectores que nunca pertenecieron al viejo PRD.
De lograrlo, estaríamos hablando no simplemente de la candidatura de “la hija de Hipólito”, sino de una dirigente que recibió un capital político y consiguió ampliarlo.
La burocracia partidaria también vota
Existe además una realidad poco romántica, pero fundamental en cualquier partido gobernante: después de varios años en el poder se desarrolla una enorme red de funcionarios, dirigentes, autoridades municipales y cuadros medios vinculados al funcionamiento cotidiano del Estado y del partido.
No puede presumirse que esa burocracia pertenezca automáticamente a Carolina, David o cualquier otro aspirante. Pero en una primaria cerrada, conquistarla adquiere un valor extraordinario.
La pregunta entonces deja de ser solamente:
¿Quién gusta más?
Y pasa a ser:
¿Quién tiene más capacidad para identificar, organizar y llevar a votar a quienes decidirán la candidatura?
Son preguntas completamente diferentes.
Y está Abinader
Hay finalmente un factor imposible de ignorar: Luis Abinader.
El presidente ocupa naturalmente una posición central dentro del PRM, aunque eso no significa que pueda darse por supuesto hacia dónde se inclinarán él, sus colaboradores o los diferentes sectores vinculados a su liderazgo.
La sucesión dentro de un partido gobernante suele producir reacomodos. Gobernadores, alcaldes, legisladores, funcionarios y dirigentes comienzan a mirar hacia 2028 y a definir sus propias relaciones políticas.
Carolina y David tendrán que competir también por ese enorme espacio que no pertenece históricamente ni al hipolitismo ni necesariamente a ninguno de los dos.
La verdadera elección empieza dentro.
Por eso creo que estamos observando una competencia bastante más compleja de lo que reflejan las fotografías y las encuestas.
David Collado tiene un activo importante en posicionamiento público. Carolina Mejía posee una historia y una red partidaria que pueden adquirir mayor valor bajo una primaria cerrada. Los dos, además, están intentando ampliar sus respectivas bases.
No sabemos todavía cuál de esas fórmulas producirá más votos cuando llegue la elección interna.
Pero sí sabemos algo elemental que a veces olvidamos cuando vemos tantos porcentajes circulando:
las encuestas miden simpatías; las estructuras movilizan electores y las urnas son las que finalmente cuentan los votos.
Ahí estará la verdadera prueba del 2028.
