TRINIDAD & TOBAGO.- Un buque de guerra estadounidense lanzamisiles, el USS Gravely, arribó este domingo a Trinidad y Tobago, un pequeño archipiélago frente a Venezuela, en medio de la presión de Estados Unidos sobre el presidente venezolano, Nicolás Maduro. El destructor permanecerá en la zona hasta el 30 de octubre para ejercicios conjuntos con el ejército trinitense, informó el gobierno local.
El arribo del buque genera opiniones encontradas entre los residentes y turistas. Randy Agard, un estadounidense de 28 años, aseguró sentirse confundido: “Dicen que quieren paz y están enviando buques de guerra, no tiene sentido para mí”. Otros, como Lisa, una habitante de 52 años, consideran que la presencia estadounidense ayuda a combatir el narcotráfico en la región.
Desde agosto, Washington ha desplegado varios buques en el Caribe y realiza ataques aéreos contra embarcaciones presuntamente vinculadas al narcotráfico. También anunció el envío del portaaviones Gerald R. Ford, el más grande del mundo. Maduro calificó estas maniobras como un intento de “inventar una nueva guerra” y acusa a EE. UU. de usar el narcotráfico como pretexto para buscar un cambio de régimen.
Algunos trinitenses expresan preocupación por un posible conflicto. Daniel Holder, de 64 años, advirtió que “podríamos terminar recibiendo golpes” si se intensifica la tensión. Rhonda Williams, recepcionista de 38 años, pidió “paz… y a Dios”. Ali Ascanio, venezolano residente en Puerto España, calificó el arribo del destructor como “alarmante porque sabemos que es una señal de guerra”.
Hasta la fecha, la movilización militar estadounidense ha dejado 43 muertos en diez bombardeos contra lanchas presuntamente vinculadas al narcotráfico en aguas internacionales del Caribe y el Pacífico. Dos trinitarios habrían fallecido a mediados de octubre, aunque las autoridades locales no han confirmado estas muertes.
La primera ministra trinitense, Kamla Persad-Bissessar, ha mostrado un fuerte respaldo a la estrategia de Trump y mantiene un discurso firme contra la inmigración y la criminalidad venezolana, lo que Caracas ha criticado como subordinación a los intereses estadounidenses.
La presencia del Gravely refleja la creciente tensión en la región, con ciudadanos divididos entre la necesidad de seguridad y el temor a un conflicto directo.

